Notas
La mesura de Lang Lang no duró mucho en su recital
Por: Margarita Pollini
Lejos de los excesos de años anteriores, la performance pianística ofrecida por Lang Lang en su recital de este año para el Abono Verde del Colón comenzó con una asombrosa discreción, un ajustado lirismo y un estilo en armonía con el lenguaje de "Las estaciones", la suite de piezas de Chaikovsky. Hubo en este inicio lugar para una sutileza despojada de la edulcoración de otras visitas, y el clima creado fue de auténtica introspección. Aquí afloró lo mejor de un pianista dotado que no siempre elige estos caminos.
Lamentablemente, esa sobriedad se esfumó apenas se adentró en el "Concerto italiano" de Bach: mientras que en los dos primeros movimientos hubo alteraciones caprichosas del tempo que le quitaron uniformidad al discurso, en el tercero, ejecutado sobre un pulso más estable, aparecieron notas golpeadas y un sonido ampuloso. Tampoco hubo equilibrio en los cuatro Scherzos de Chopin que constituyeron la segunda parte del programa: el abuso del pedal, la tendencia a los ataques incisivos y en especial el afán por la velocidad (que convirtió, por ejemplo, al final del Scherzo número 3 en una autopista de notas desenfrenadas) ahogaron toda transparencia y claridad. Sólo el último de la serie retomó la mesura y recordó el buen inicio del recital.
De todas maneras, el chino cuenta aquí, como en tantas latitudes, con un público incondicionalmente rendido a sus pies que parece más enfervorizado cuanto más estruendosas y acrobáticas son sus interpretaciones. A él dedicó Lang Lang tres bises, entre ellos una versión a puro martillazo de la "Danza ritual del fuego" de Falla y una melodía de Ernesto Lecuona, "Y la negra bailaba", también interpretada con ese pirotécnico afán que le garantiza ovaciones.
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