Notas
Te odio tanto Richard
 
La primera vez que escuché Das Liebesverbot (La prohibición de amar) de Richard Wagner inmediatamente vino a mi mente Celia Cruz cantando el bolero Bravo, y de éste en especial los párrafos: 

Te odio tanto, que yo misma me espanto, de mi forma de odiar
Deseo, que después que te mueras, no haya para ti, un lugar
El infierno, resulta un cielo, comparado, con tu alma
Y que Dios me perdone, por desear que ni muerto, tengas calma

Imperdible versión en https://www.youtube.com/watch?v=JpKB1WxeqLM

Odio es lo que particularmente siento por la exhumación de la obra, por el gasto que significa su representación, por la imposibilidad de ver un trabajo digno o no de cualquier compositor, de cualquier nacionalidad y de cualquier período. Miles de obras duermen el sueño de los justos, mientras que ésta a sabiendas de su futilidad es representada. 

Si bien su excesivo costo no haya sido el único responsable del levantamiento de Tres Hermanas y posiblemente también de el de La traviata, es verdad que se trata de una obra con un inmenso material orquestal (más de 100 kg) una escenografía costosa y un grupo en la dirección musical y escénica de alto valor, imprescindible para una puesta exitosa.

Si hay un genio en todo esto, una persona con grandes habilidades, un comerciante nato, un vendedor inigualable, es quien vendió esta producción del Real y el Covent Garden. Es muy difícil, casi imposible encontrar en el mundo de la ópera un gestor cultural que desconozca el poco valor musical que ésta posee, la reticencia de los grandes teatros de ópera del mundo en representarla, y las casi nulas expectativas del público en general en escucharla. Su representación en un teatro europeo rodeado de teatros de ópera es totalmente distinto a llevarla a otro, en el confín del mundo y, que no tiene competencia en doce horas de avión. 

Como no podía ser de otra forma todos terminamos pagando la incapacidad de los empleados públicos advenedizos que obran sin control y cuyas falencias no tienen jueces y por supuesto menos castigo.

Pero consumado el hecho vayamos a la obra.

Todo lo referente a La prohibición de amar a Wagner le avergonzaba, descripta en sus Memorias como “Atroz, abominable, nauseabunda”, no cabe ni la menor duda del aprecio que sentía por su segunda ópera, si bien fue la primera en ser estrenada, cuando el genio de Leipzig, aún no había cumplido los 23 años. Para tranquilidad del compositor Las hadas, su primera ópera sólo trascendió al público en 1888 cuando ya había muerto, cosa que evidentemente le evitó los previsibles disgustos. 

El libreto le corresponde al compositor, basándose en la obra Medida por medida se William Shakespeare, éste comenzó a ser escrito en junio de 1834 en forma de prosa y la música a partir de enero de 1835, acabando en los primeros meses de 1836.

Estrenada en Magdeburgo el 29 de marzo de 1836 como La novicia de Palermo (Die Novize von Palermo), la primera de las dos representaciones planeadas fue un gran fiasco; debido parcialmente a la falta de ensayos (diez días), la complejidad del material orquestal, los pocos músicos disponibles (45/47 aproximadamente) y a que el protagonista olvidó gran parte de su papel. Cabe destacar que en el momento del estreno Wagner, era el Director del teatro de Magdeburgo lo cual seguramente ayudó a su representación, pero no a su viabilidad. 

La segunda función que beneficiaría a Wagner con su recaudación, ya que la primera fue para el empresario, nunca se llevó a cabo, por las disputas entre el tenor y el barítono, a causa del amor correspondido de la mujer del segundo por el primero. La devolución del valor de las entradas, condujo a Wagner a una ruina económica, de la cual saldría y volvería a entrar sucesivamente durante toda su vida.

La obra nunca se repetiría en vida de Wagner, y sólo vería la luz en Múnich en 1927, ya que la representación planeada como homenaje a su muerte en esta misma ciudad en 1884, no pudo realizarse por considerarla Licenciosa, las autoridades.

En 1974, se representó en forma de concierto en una sala de Bayreuth, fuera del Festival y, rara vez volvió a ser ejecutada, siempre en forma de concierto.

Al escuchar la obra es notoria la influencia de la ligereza de la ópera francesa especialmente de Auber, compositor muy de la estima de Wagner y, por sobre todo del melodismo italiano de la mano de Bellini (cuya música le parecía intrascendente y superficial), Donizetti y Rossini.

No se encuentra en esta obra una estructura sinfónica armónica como en otras posteriores, y no hay relación entre los personajes y las tonalidades, solo hay un atisbo de la tonalidad de do mayor relacionada con la espontaneidad popular y en el aria de Isabella en el 3º acto.

Pero existe un hilo conductor entre La prohibición de amar y su última obra Parsifal, que es la utilización del Amen de Dresde [1]. En esta obra lo podemos encontrar en el segundo cuadro del primer acto, como comienzo musical de la escena del convento. También aparece en el 3º acto de Tannhauser y como Tema del Grial en Parsifal

Pero realmente interesante como señala José Luis Téllez en su análisis de la obra es, la presencia del germen de lo que luego sería la concepción musical de Wagner y, es la inclusión de un tema, del tema que da nombre a la obra, que irrumpe en el jubiloso discurrir de la obertura en dos oportunidades en los metales, en el dúo entre Brighella y Poncio y en el Monologo de Friedrich en el primer acto, y nuevamente en el dúo de Friedrich con Isabella casi al final de la obra, el tema no es incidental, es estructural y está completamente integrado en el devenir dramático, éste implica una sexta menor descendente, y dos pasos de semitono ascendentes. Durante el desarrollo de los momentos referidos, ese intervalo de sexta unas veces es menor y otras veces mayor, unas veces es una quinta justa y otras una cuarta justa, pero el tema siempre es reconocible, porque la base rítmica es la misma, y en algún momento incluso se separa la parte cromática (los dos semitonos ascendentes), de la sexta descendente del comienzo y, hay momentos en que juegan como dos motivos independientes, en conjunto es el tema de La prohibición, que se escucha en el primer acto cuando entra El Heraldo. 

Si bien no es un tema que ocupe gran parte de la obra, es el génesis de la posterior y grandiosa obra wagneriana

Más allá de todo lo que se pueda decir, el público deberá formarse una opinión por sí mismo

 
 
[1] El Amen de Dresde es una secuencia de seis notas cantadas por los coros durante los servicios religiosos en Sajonia desde principios del siglo XIX. Fue compuesto por Johann Gottlieb Naumann para su uso en la Capilla Real de Dresde, popularizado inmediatamente es usado tanto en las iglesias católicas como luteranas. Está también presente en el segundo movimiento de la Sinfonía Resurrección de Felix Mendelssohn, Anton Bruckner lo uso en varios motetes (Christus factus est WAB 11, Virga Jesse WAB 52 y Vexilla regis WAB 51) y el adagio de la 9º sinfonía, mientras que Gustav Mahler lo incorporó en el último movimiento de su Primera sinfonía, Titan. Manuel de Falla lo incluyó en la música incidental para la obra de Calderón de la Barca: El gran teatro del mundo. Alexander Scriabin incorpora un tema con reminiscencias al Amen de Dresde en el primer movimiento de la 3º Sinfonía, por citar algunos ejemplos.
 
 
 
Bibliografía:
Richard Wagner: Mi vida
José Luis Téllez: Análisis de La Prohibición de amar
Archivo diario El País – España – 
Klaus Günzel: Romantik in Dresden. Gestalten und Begegnungen. Insel Verlag
Oxford Dictionary of Music
Wikipedia


©) Víctor Fernández, 2017
www.avantialui.org
Independencia 3721 1º C (C1226AAC) Buenos Aires - Tel.: 5263 - 0323 - info@avantialui.com.ar