Notas
Va la vieja por la mitad
 
Si no se pone en contexto el título, podría prestarse a lupanares interpretaciones, así que aclarémoslo inmediatamente. El ex director artístico del Teatro Colón, negoció el año pasado con la Ópera de Roma, la realización para 2017 de La traviata firmada por la cineasta Sofia Coppolla y vestuario de Valentino, quien había decidido hacer un alto en su retiro acaecido en 2008, para esta ocasión. 

Se hizo el anuncio; se renovaron los poquísimos abonos que se están renovando estos últimos años, y pasó, pasó lo que ha pasado muchas veces en la Argentina, el dólar se fue a las nubes y no se pudo cumplir con los compromisos adquiridos con el exterior. Pero, no: esta vez el dólar no aumentó, en realidad bajó así que debe haber otro problema. Habrá habido un golpe de estado y asumió un gobierno ultranacionalista que rechaza la injerencia extranjera en la cultura argentina: no, en realidad el gobierno con cambió y las relaciones internacionales siguen siendo excelentes. ¿Será que el prestigio internacional del ex director artístico era tan grande que su alejamiento del cargo haya hecho caer la operación? (quien piense esto: necesita una lobotomía urgente).

Todo hace presumir que los números no cierran y la poca expectativa despertada por la Temporada lírica hacen inviable su realización, o quizás se haya gastado muchísimo dinero en pagar sueldos a funcionarios con funciones inexplicables. 

Nadie lo sabe, pero Coppolla y Valentino se quedan en casa y viene “la vieja de Zeffirelli”, que por supuesto, no es la mamma de Zeffirelli, sino la vieja puesta de La traviata de Zeffirelli para la Ópera de Roma de 1987.

Recordemos con algunos ejemplos cinematográficos que pasaba en ese año: llegaba Bagdad Café con Marianne Sägebrecht, y Jack Palance; El bosque animado con Alfredo Landa, y Fernando Rey, Divinas palabras con Ana Belén, Francisco Rabal, e Imanol Arias, la inolvidable La fiesta de Babette, y que decir de Good morning, Vietnam con Robin Williams, y Forest Whitaker, Hechizo de Luna con Cher, Nicholas Cage, y Olympia Dukakis; Las brujas de Eastwick, con el maravilloso Jack Nicholson, Cher, Susan Sarandon, Michelle Pfeiffer, y Veronica Cartwright, La ley del deseo, paradigmática visón de la vida de Alodovar con Eusebio Poncela, Carmen Maura, Antonio Banderas, y Miguel Molina, la multipremiada Made in Argentina con Luis Brandoni, Patricio Contreras, Marta Bianchi, y Leonor Manso, The untouchables protagonizada por Kevin Costner, y Sean Connery, El último emperador el inolvidable film de Bernardo Bertolucci, y Wall Street dirigida por Oliver Stone y protagonizada por Michael Douglas y Charlie Sheen. Todas grandes realizaciones, pero la vista de cualquiera de estas películas hoy en día nos parecería demodé, antigua, con una estética fuera de los cánones actuales. 

Entonces por qué La traviata de Zeffireli y no la de un joven argentino, que pueda demostrar de que es capaz o de que no es capaz de realizar. Qué necesidad de traer desde Italia una puesta que la propia Ópera de Roma ha descartado por una nueva. Seguramente debe haber una razón que la Dirección del Teatro Colón insiste en mantener en secreto y, como si esta puesta fuese la revelación del siglo sin aclarar porque: vende una cosa y ofrece otra. De la misma forma en que apuesta a la voluntad de los abonados a renovar el abono la temporada próxima donde le darán una función que le anunciaron y cobraron éste.

Ojalá estos sean los únicos cambios, pero el futuro es muy incierto. 


Víctor Fernández
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