Notas
Con la magia de Plácido el lunes en Salzburgo fue Domingo
 
I due Foscari, ópera en tres actos compuesta por Giuseppe Verdi, con libreto en italiano de Francesco Maria Piave, basada en el drama histórico The Two Foscari de Lord Byron, se estrenó en el Teatro Argentina de Roma, el 3 de noviembre de 1844, y tuvo su primera representación en el Teatro Colón el 10 de julio de 1979.


Esta temporada el Festival de Salzburgo ofrece una versión de concierto del poco frecuentado título verdiano. 

La presencia de Plácido Domingo siempre es un motivo atractivo para acudir a un concierto, pero en este caso, no solo fue atractivo, sino maravilloso. Es admirable su calidad interpretativa, aunada a un timbre de proyección desconcertante y un color frondoso de la voz, una voz descansada, fresca, con matices conmovedores hasta las lágrimas. 
Todas estas virtudes hacen desde el recitativo Oh patrizi, il voleste, eccomi a voi, con que se presenta ante el Concejo, hasta la escena final con Questa dunque è l´iniqua mercede y Que bronzo ferale, una lección de canto, dominio del idioma, y buen gusto que lo convierte sin duda en uno, si no el más grande artista que haya tenido la lírica.

Domingo es la historia misma del Festival, y quizás uno de sus artistas más queridos. Esta vez me cupo la suerte de tenerlo tan cerca, como nunca me había pasado, en realidad estaba más cerca de él, que lo que estaba él mismo del director de orquesta. Esto me permitió observar con lujo de detalles cada una de sus expresiones, sus miradas al maestro y al resto de los cantantes, sus expresivas manos, hasta el inmenso dolor por su hijo se reflejaba en sus ojos.

Domingo ha sido motivo de crítica por otras actuaciones, pero aquí tuvo un papel tan destacado como en sus mejores épocas. Su registro actual de barítono, que en otras oportunidades sonaba muy atenorado, en esta oportunidad se escuchó a la altura de los intérpretes naturales de este registro. Me refiero a los buenos intérpretes de esta obra.

Por su parte el tenor maltés Joseph Calleja hizo lucimiento de su volumen, y calidad interpretativa, con un canto nítido y distinguido cumplió con creces la exigencia del papel. La soprano china Guanqun Yu, demostró grandes cualidades en lo que respecta al volumen y la afinación, teniendo su parte más débil en la pronunciación y la interpretación, algo que seguramente mejorará con los años.

Michele Mariotti, quien se perfila a ser el director italiano más prestigioso del siglo XXI luego de Abbado y Muti, hizo de la Orquesta del Mozarteum de Salzburgo, una joya invalorable, de la cual destacan especialmente la labor del primer clarinete y la primera viola. Más allá de este par de solistas, todos los miembros de la formación demuestran una disciplina incuestionable, desde su indumentaria, su calzado, sus cuidados instrumentos, la no necesidad imperiosa de comentar algo mientras esperan al maestro, cuando éste entra, y cuando no están tocando, muchas veces parece que no hablasen el mismo idioma y lo único que los une es su profesionalismo y amor a la música.

Por otra parte, debemos destacar la actuación del Coro de la Filarmónica de Viena, dirigido con suma precisión por Walter Zeh. Roberto Tagliavini y Bror Magnus Tødenes, dan vida con natural eficacia a Jacopo Loderano y Barbarigo, respectivamente.
Marvic Monreal, Jamez McCorkle y Alessandro Abis del Proyecto Jóvenes Cantantes, completan el reparto.
 
(c) Víctor Fernández
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