Notas
Три сестры [Tres hermanas]
Comentario previo
Música: Peter Eötvös
Ópera en tres secuencias 
Libreto de Peter Eötvös, Claus Henneberg y Krysztof Wiernicki, basado en Tres hermanas, de Anton Chejov
Nueva producción del Teatro Colón
Estrenada el 13 de marzo de 1998 en la Opéra de Lyon
Primera representación Sudamericana
Dirección: Christian Schumann
Dirección de escena: Rubén Szuchmacher
Diseño de escenografía y vestuario: Jorge Ferrari
Diseño de Iluminación: Gonzalo Córdova
Irina: Elvira Hasanagić
Macha: Anna Lapkovskaja
Olga: Jovita Vaškevičiūtė
Andrey: Luciano Garay
Natacha: Marisú Pavón
Anfissa: Victor Castells
Koulyguine: Walter Schwarz
Tuzenbach: Alejandro Spies
Soliony: Mario De Salvo
Vershinin: Hector Guedes
Doctor Chebutyking: Carlos Ullán
Fedoti: Pablo Pollitzer
Rode: Santiago Martínez
Orquesta Estable del Teatro Colón
Dirección Ensamble: Santiago Santero
Teatro Colón, Gran abono (1), 20.00
Cantada en ruso con traducción proyectada en español. Duración 1h, 40'
 
Superados los problemas que dieron origen a su reprogramación, en martes 13, con una sala más colmada de lo habitual en el otrora Gran abono (1), y coincidiendo con el XX aniversario de su estreno en la Opéra de Lyon, tuvo lugar la Primera representación americana de la ópera Tres hermanas del compositor húngaro Peter Eötvös.

Ésta contó con un elenco homogéneo y de gran calidad, donde no solo los protagonistas, sino la totalidad de los intérpretes dieron muestra de una gran capacidad artística, tanto en la parte vocal, como en la actoral, punto crucial en la ópera contemporánea, donde la atención no solo se centra en la melodía sino también en la capacidad histriónica de los intérpretes. Punto destacable, más allá de las tres hermanas, Elvira Hasanagic, Anna Lapkovskaja y, Jovita Vaškevičiūtė, fue la labor de Marisú Pavón quien compuso excelentemente un personaje sumamente complejo desde la parte actoral y musical. 

El diseño de escenografía de Jorge Ferrari dio un marco de sobriedad y al mismo tiempo de espectacularidad, permitiendo un ágil desarrollo de la acción, una nítida visión de la orquesta y una óptima proyección de las voces hacia la sala merced al cierre de los laterales y parte del fondo del escenario. Muy encomiable también el vestuario del mismo artista.

El Diseño de iluminación de Gonzalo Córdova, dio el carácter necesario para cada momento de la obra, creando los climas requeridos sin necesidad de un abusivo protagonismo.

El retorno de Rubén Szuchmacher al Colón, no puede describirse de otra manera que no sea extremadamente afortunado, logró con pocos elementos recrear la atmósfera de agobio y, por momentos de humor mordaz que posee la obra, reflejando en la escena la idiosincrasia de cada uno de los hermanos y dando al resto de los protagonistas el movimiento justo para su destaque actoral, sin acciones complejas que entorpezcan la emisión equilibrada de la voz. La simetría de las acciones al principio y al fin de la representación da la pauta de que nada ha cambiado, que la ilusión vivida fue solo un sueño y que el destino siempre nos alcanza. El movimiento insonoro del telón con los árboles es un hecho inédito en muchos años del Teatro. Szuchmacher, es un argentino de teatro, consciente de las posibilidades y las limitaciones del medio, es por ello que explotando las posibilidades y desterrando las limitaciones obtuvo un resultado del nivel que el Colón nunca debería haber perdido.
 
El jovencísimo director de orquesta alemán de ascendencia húngara Christian Schumann (Freiburg 14 de enero de 1983), llevó adelante con elegante coherencia y maestría la instrumentalmente complicadísima obra. Recordemos que la partitura requiere una orquesta, en este caso con dirección magistral de Santiago Santero ubicada al fondo del escenario, y otra en el foso bajo su conducción directa, al tiempo que debe supervisar la ejecución de la primera a través de un monitor. En ambas (orquestas) la infinita percusión se halla ubicada en los dos laterales lo que añade un inconveniente adicional. Solo queda aguardar poderlo escuchar en el futuro cercano en una obra del gran repertorio.

La función fue evidentemente muy buena y el resultado maravilloso, no así el momento y el título. Una obra como esta es admisible en una temporada como la de la ópera de Viena o de muchos otros teatros con gran cantidad de títulos. En un abono tan breve como el del Colón es un error catedralicio, haberlo hecho como Inauguración de temporada, es el Vaticano completo.
 
Víctor Fernández
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(1): La denominación de Gran abono no proviene del uso de la etiqueta obligatoria, como fue hasta el año 2000, sino que en la época en que había varios abonos en el Colón, éste era el que incluía todos los títulos. 
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