Notas
La superación de la excelencia
 
Tristan und Isolde [Tristán e Isolda], música de Richard Wagner, libreto del compositor, basado en el romance de Godofredo de Estrasburgo 

Producción invitada de la Staatsoper Unter den Linden

Dirección: Daniel Barenboim; Dirección de escena: Harry Kupfer; Diseño de escenografía: Hans Schavernoch; Diseño de vestuario: Buki Schiff: Dramaturgia: Ralf Waldschmidt; Tristán: Peter Seiffert; Isolda: Anja Kampe; Rey Marke: Kwangchul Youn; Kurvenal: Boaz Daniel; Melot: Gustavo López Manzitti; Brangane: Angela Denoke; Pastor/Marinero: Florian Hoffmann; Timonel: Adam Kutny; Orquesta Staatskapelle de Berlín; Coro Estable del Teatro Colón; Dirección: Miguel Martínez; Teatro Colón, Cuarta función del Abono nocturno tradicional, Sábado 14 de julio de 2018, 18.00; Cantada en alemán con traducción proyectada en español 

La segunda función de Tristán e Isolda trajo aparejada una ostensible mejora sobre la ya maravillosa Premier.

Más allá de la imposibilidad de mejora de la versión orquestal y de la interpretación de Isolda, ya que en la primera exposición estuvieron muy por encima de lo mejor escuchado en el Colón en los últimos 40 años, y quizás en los muchos del porvenir; Peter Seiffert logró superar en gran medida la afección que lo había aquejado la primera noche, abordando esta vez el tercer acto -donde mayores dificultades había experimentado- con una tesitura más lírica, e interpretando sólo en forma dramática aquellos pasajes en que la partitura no da otra opción; siempre dueño de una faceta actoral impecable, el héroe wagneriano reemplazó la falencia en la voz con un forma de decir y una interpretación maravillosa. Notable fue al mismo tiempo, la superación de Boaz Daniel y Angela Denoke en los papeles de Kurvenal y Brangania respectivamente; tanto en el volumen como en la emisión de la voz, seguramente esto último se produjo tras la superación de la incertidumbre que toda primera función acarea, y el reconocimiento de la acústica luego de la primera función a sala llena.
 
Desde el comienzo hubo en el público que colmaba la sala una intuición implícita de el fabuloso espectáculo que habría de venir, las entradas se encontraban agotadas, no solo para ésta sino para las dos funciones siguientes; quienes habían tenido la fortuna de asistir también a la primera no ahorraban esfuerzos para exponer la maravilla que sus oyentes estaban por experimentar.

Fue una noche de ovaciones, al llegar Barenboim al foso, al saludar la orquesta antes de empezar la ejecución, una ovación que parecía gritarle al foso: ¡Sabemos lo que nos van a ofrecer!, ovaciones de pie al finalizar cada acto y, la apoteosis del aplauso al final. 

Esta vez la proyección de la traducción del texto sobre el escenario se hizo sólo en español, mientras que por ironías del destino, hacia mucho tiempo que no se notaba tanta presencia de extranjeros en la sala.


Víctor Fernández (c)

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