Notas
Entrevista a André Heller-Lopes
 

Por Margarita Pollini

 

Después de su debut local con "Rigoletto" en 2012 y su regreso con "Jenufa" en 2013, ambas para Buenos Aires Lírica, el director de escena brasileño André Heller-Lopes trae esta vez una personal propuesta para "Don Pasquale", el clásico buffo de Gaetano Donizetti, para BAL en el Teatro Avenida. La producción, que se podrá ver desde esta noche con más funciones el domingo 14, jueves 18 y sábado 20, contará con la dirección musical deJuan Casasbellas y un elenco integrado por Hernán Iturralde (Don Pasquale), Oriana Favaro (Norina), Homero Velho (Malatesta), Santiago Ballerini (Ernesto) y Enzo Romano (Notario). Participan el coro y la orquesta de la asociación, la escenografía es de Daniela Taiana, el vestuario de Sofía Di Nunzio y la iluminación de Gonzalo Córdova. Dialogamos con Heller-Lopes:

 

Periodista: Al contrario de la actualización que suele hacerse de los argumentos de ópera, su propuesta implica un retorno a las raíces de la commedia dell'arte. ¿De qué manera surge esta necesidad?

 

André Heller-Lopes: Yo creo que se lleva adelante. En la discusión sobre qué es modernizar me resulta muy raro que cosas que yo hago en América Latina son consideradas modernas, y si las hago en Austria son consideradas tradicionales. En Alemania o Austria sobre todo hay cuatro o cinco teatros muy cerca hacen ópera e puede ver una puesta tradicional de Cosi fan tutte y después una puesta en un aeropuerto o totalmente reescrita. Hay una gran diferencia entre la ópera en Argentina y Brasil, hay cosas como "La mujer sin sombra" que acá es normal y nunca se hizo en Brasil. La búsqueda del repertorio de verdad va por otros caminos. Cuando se habla de popularizar la ópera me pregunto qué es eso, nosotros que sufrimos por ser de la ópera, aguien elige lo que debe ser popular. A mí no me encantan tanto "Wozzeck" o "Lulú, no me dicen mucho, pero tal vez a alguien de la calle que nunca vio ópera le va a gustar Wagner. Tanta gente que fue a ver el "Anillo" en Brasil le gustó porque había mucho de nuestra cultura, o porque le pareció una música maravillosa. La discusión no es tanto de la popularización sino del acceso: todos tienen que tener el derecho de acceder a eso y elegir lo que les gusta. En el 2013 me invitaron a hacer una ópera con Roger Waters. Al principio me resultó raro, y después me encantó. Llenó el teatro, lo hicimos como una ópera en serio y tal vez eso llevó a mucha gente a tener otra mirada. 

 

P.: ¿Cómo es el caso de "Don Pasquale" entonces?

 

A.H.L.: La idea es que se puede acercar a la gente con una modernización. Entonces me pregunté si se podría hacer "Don Pasquale" en un supermercado, pero ¿para qué me sirve eso? ¿Lo acerca a la gente o le saca la profundidad? Me pregunté: ¿se puede hacer un "update" para modernizar y no un "downdate" para modernizar también? Como se dice en "Il gattopardo": a veces es necesario cambiar para permanecer inalterable. Los arquetipos de "Don Pasquale" vinen de la commedia dell'arte y son muy fuertes. Cuando hago "Bodas de Fígaro" la hago en el período, porque está muy ligada a él y el espectador que mira lo que pasa con el Conde y su derecho se pregunta "¿Eso pasa todavía?" No, ya no. Hay temas que la ópera trata que son modernos porque son eternos y aún no tienen solución. "Don Pasquale" increíblemente es una de mis operas preferidas.

 

P.: ¿Por qué increíblemente?

 

A.H.L.: Porque yo hago mucho Wagner, Strauss, me salen bien las óperas más complicadas. Cuando Frank [Marmorek, director del BAL] me llamó me dijo "Bueno, no sé si te interesará..." y yo estaba encantado, porque la gente imagina que un director de escena de cierto nivel va a preferir las cosas más complicadas, no se lo pude llamar para eso, pero me encanta.

 

P.: ¿Hay entonces una especie de menosprecio por la ópera buffa?

 

A.H.L.: Sí, tal vez porque ya se hizo mucho y se piensa que está todo hecho. Por supuesto que si a alguien que nunca hizo ópera se le propone una "Helena egipcia" de Strauss puede salir muy mal. Todos tenemos un Fach [nota: sistema de clasificación de las voces según sus características], como los cantantes. Hay cosas que me salen bien y otras que no me gustan no tanto. Hace quince años hice "La ópera de tres centavos" de Weill y juré que nunca volvería a ese autor, porque no tengo su inconoclastia. Pedí la edición crítica, volví a incluir el aria de Lucy, hice todos los interludios, lo hice con cantantes líricos, pero no creo que haya resultado mejor que una puesta con actores: era muy limpia, hoy lo haría de otra manera. Hay óperas que nos siguen y otras que nos persiguen. "Don Pasquale" me encanta, además tiene la duración del primer acto de "GötterdTMmmerung", es como un paseo por el parque. Tenemos un reparto muy bueno. Las ideas se dieron muy naturalmente. Me gusta crear equipos con los que hablamos la misma cosa. Aquí trabajé con Daniela Taiana, Sofía Di Nunzio y ahora Gonzalo Córdova. La iluminación aquí es muy importante: desde el momento en que decidí que queríamos hacer commedia dell'arte sabía que tenía que volver a Goldoni, mantener el vestuario más o menos en el siglo XIX, en la época del estreno, y volver a Goldoni, porque eran dos estéticas que convivían. Me gustaba la idea de recrear una iluminación de época. Sobre todo hacer una ópera muy humana, que no tiene nada de técnica, de "media", de recursos modernos, de computadoras, de proyecciones: una ópera hecha de gente. Eso nos permite hacer chistes con el libreto, con el tiempo.

 

P.: ¿De qué manera se manifiesta esa humanidad?

 

A.H.L.: Todos tienen un carácter un poco discutible. Don Pasquale tiene sus problemas, sus manías, no es un idiota, pero en sus manías hay algo de malicioso. Norina es una "vedova scaltra", ella misma se describe así. En esa época una mujer casada que enviudó es una mujer que conoce el mundo. Norina acepta muy fácilmente este plan, y cuando empieza a actuar se deja llevar totalmente. Malatesta es quien controla y crea todo el plan, se puede imaginar que conoció a Norina junto con Ernesto, que hay cierta intimidad, pero ella le dice "Vos sos grande, no te vas a casar, nos conocemos". Tal vez en un "Don Pasquale 2" habría un triángulo amoroso con él. Ernesto no tiene plata, vive con el tío, está esperando que muera para tener su herencia, a la primera señal de problemas se quiere ir, tiene un carácter muy liviano, piensa en sí mismo antes que todo. Hicimos todo con un poco de cinismo; cuando uno entra en ese universo es gracioso.

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