Notas
Con Diemecke y en su sede, la Sinfónica mejor que nunca

Con Diemecke y en su sede, la Sinfónica mejor que nunca

Por: Margarita Pollini

 

A sala llena y con un entusiasmo desbordante (tanto sobre el escenario como en torno a él), la Orquesta Sinfónica Nacional acometió la interpretación de la sinfonía número 2, "Resurrección", de Mahler. En esta oportunidad el podio fue ocupado por Enrique Arturo Diemecke, y su presencia es digna de ser remarcada por varias razones. La más evidente es que se trata de uno de los más brillantes intérpretes y más profundos conocedores de la obra de este autor en la escena local, pero también el hecho de que el director titular de la Filarmónica de Buenos Aires haya sido invitado por la Sinfónica es un muy saludable signo de interacción entre organismos de jurisdicciones diferentes pero representantes del mayor nivel musical de nuestro medio.

 

Si el abordaje de cualquiera de las sinfonías de Gustav Mahler constituye un desafío enorme para una orquesta, más lo es en una acústica implacable como la de la Ballena Azul, que revela los detalles del entramado al tiempo que unifica y "redondea" el sonido. Y aquí, tanto los detalles como el conjunto fueron de una calidad asombrosa en todas las secciones (en especial, y como es habitual aquí, las cuerdas), y cada pieza del engranaje hizo su tarea para que la maquinaria funcionara a la perfección y en pos de la narración musical. Diemecke, artífice de una versión electrizante en cada instancia, desde la introspección hasta la apoteosis final, se mostró sobrio, preciso, concentrado y al mismo tiempo en permanente conexión con el entorno.

 

Impecable vocal y musicalmente, Florencia Machado fue profunda y conmovedora en sus intervenciones; a su lado la actuación de la soprano Soledad de la Rosa fue apenas discreta. El Coro Polifónico Nacional llevó adelante una muy sólida labor, en especial en lo que se refiere a afinación, volumen y proyección.

 

Mística, un concepto que en estos tiempos y estas latitudes se asocia con poca frecuencia a las instituciones musicales. Tal vez porque no es habitual que aún la tengan, sobre todo en los ensambles profesionales y estatales, por razones de diversa índole. Pero la sensación que queda después de cada concierto de la Sinfónica en su nueva sede es la de que entre sus miembros está más viva que nunca la mística, el sentimiento y el orgullo de pertenencia, aquello que hace la diferencia entre un conjunto de buenos músicos y una gran orquesta.

 

Sinfonía N° 2, "Resurrección", de Gustav Mahler. Solistas: S. de la Rosa (soprano), F. Machado (mezzosoprano). Coro Polifónico Nacional (Dir.: R. Luvini). Orquesta Sinfónica Nacional. Dir.: E.A. Diemecke (La Ballena Azul, Centro Cultural Kirchner, 10 de julio).

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