Notas
“Caminito” for export
“Caminito” for export

rítica del "Cavalleria" / "Pagliacci" del Colón, en Ámbito Financiero de hoy

Por: Margarita Pollini

 

"Cavalleria rusticana y Pagliacci en Caminito (homenaje a la inmigración italiana del 1900)": "Cavalleria Rusticana". Mús.: P. Mascagni. "Pagliacci". Lib. y mús.: R. Leoncavallo. Prod. de la Opéra Royal de Wallonie. Coro Estable del T. C. (dir.: M. Martínez). Coro de Niños del T. C. (dir.: C. Bustamante). Orq. Estable del T. C. Puesta en escena, esc. e il.: J. Cura. Dir. mus.: R. Paternostro (Teatro Colón, 14 de julio).

 

Si la labor de José Cura como director de escena en el Teatro Colón con "Otello", dos años atrás, había satisfecho poco y nada, esta otra muestra de su oficio de regista deja un sabor menos amargo, aunque tampoco es del todo convincente. "Pagliacci" fue moldeada un poco a la medida de "Cavalleria rusticana" y de su enorme éxito, y desde 1893 se las ha hermanado brindándolas en un doble programa. Cura intensifica y profundiza los lazos entre estos dramas de celos, pasión y sangre (ambos ambientados en el sur de Italia) integrando situaciones y personajes y dando continuidad a ambos argumentos. Meses después de la Pascua en que transcurre "Cavalleria", a mediados de agosto, cuando se desarrolla la acción de "Pagliacci", Santuzza, embarazada, ya está cerca del parto, mientras Lola continúa llorando a Turiddu.

 
Tampoco es descabellada la idea de trasladar la acción a la calle Caminito, en La Boca, o plantear el espectáculo como un homenaje a la inmigración italiana de principios del siglo XX: la hermandad de ambos mundos es evidente y queda plasmada en la cultura tanguera (incluso los autores Falero y Carmona parecen citar a Leoncavallo en el tango "Ríe, payaso", de 1929). Menos justificadas parecen en cambio algunas libertades que Cura se toma respecto de libreto y música de ambas óperas, cambiando palabras, alterando rimas, cortando intervenciones o modificando la atribución de frases: el extremo se da en la célebre "La commedia è finita!" que cierra "Pagliacci" y que aquí no es dicha por el barítono ni tampoco por el tenor, como la tradición lo ha establecido, sino por...Mamma Lucia. Es el criterio de cada espectador el que deberá entonces determinar si el fin justifica o no los medios.

 
Más allá de eso, hay dos factores que parecen conspirar contra la construcción de un buen espectáculo. Uno es esa necesidad imperiosa de subrayar los hechos: no es suficiente con una escenografía que remite explícitamente a Caminito: es necesario también dejar escuchar el tango homónimo al inicio e introducir un bandoneón y una pareja de bailarines en el intermezzo de "Cavalleria" (casi un cuadro "for export"); no basta con sugerir que Santuzza está embarazada: Cura considera imprescindible que ella se lleve la mano al vientre casi todo el tiempo y que se lo golpee con violencia en el paroxismo de la desesperación. El otro es un llamativo estatismo, en especial en las escenas multitudinarias. La sensación que sobrevuela es, curiosamente, la de una falta de emoción, al menos de aquella emoción genuina que elude el golpe bajo y la obviedad.

 
El elenco, íntegramente argentino, es sólido: la Santuzza de Guadalupe Barrientos, la Nedda de Mónica Ferracani, el Tonio de Fabián Veloz, el Turiddu de Enrique Folger, el Beppe de Sergio Spina, la Lola de Mariana Rewerski, el Alfio de Leonardo Estévez y la Mamma Lucia de Anabella Carnevali son casi inmejorables; en el extremo opuesto Gustavo Ahualli afronta dificultades vocales y su Silvio no resulta creíble. Cura, por su parte, reitera como Canio su bien conocido repertorio de inflexiones vocales y aborda su parte con solvencia. Los coros Estable y de Niños llevan a cabo una labor magnífica. En el podio, Roberto Paternostro concerta con oficio pero no logra imprimir vuelo a dos partituras de infinita riqueza, al frente de una Orquesta Estable con altibajos.
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