Notas
Notable versión de “El ángel de fuego”

Notable versión de “El ángel de fuego” 

MARGARITA POLLINI·JUEVES, 5 DE NOVIEMBRE DE 2015
 
Por: Margarita Pollini
 
Es muy curiosa la suerte de "El ángel de fuego", la ópera de Sergei Prokofiev de la que el Teatro Colón brinda una nueva producción. El compositor ruso (que, gracias al reemplazo de "Onegin" por su"Romeo y Julieta" en la temporada del Ballet resultó inesperadamente privilegiado en este tramo del año) comenzó a trabajar en 1919 en un libreto sobre la novela de Valery Briusov, y recién en 1927 finalizó el trabajo de composición y orquestación, pero la obra nunca subió a escena en vida deProkofiev. En 1966, a once años de su estreno mundial en París, "El ángel de fuego" llegó a Buenos Aires en italiano, y en ese mismo idioma fue repuesta en 1971, por lo que la actual producción constituye el estreno de la versión original en ruso en nuestro país. El esfuerzo que el montaje de este título implica hace doblemente meritoria esta versión de altísimo impacto.
"El ángel de fuego" es la historia de una mujer misteriosa, atormentada, contradictoria, casi asfixiante: Renata, obsesionada desde la niñez con un ángel de fuego al que persigue en su delirio. En una posada conocerá a Ruprecht, quien se acerca a ella primero por puro interés sexual pero que luego irá siendo absorbido por el torbellino de esta auténtica mujer fatal. El derrotero de Renata culminará en un convento, al que arrastra su maleficio y donde será condenada a la hoguera por posesión de un demonio que tal vez no es otro que ella misma.
No es fácil dar vida a un argumento de estas características, y la puesta de Florencia Sanguinetti acierta no sólo en ese desafío sino en el de potenciar la carga arrolladora de la música de Prokofiev (una de sus partituras más audaces). Apoyado en una escenografía soberbia de Enrique Bordolini, más un adecuado vestuario de Imme Möller y proyecciones de efecto escalofriante, el trabajo de Sanguinetti juega con la ambigüedad, el desconcierto, lo inesperado y cuenta con la inteligencia de no pretender un sentido unívoco en un texto de tantas aristas e interpretaciones posibles.
Salvo por la tendencia (ya habitual en su batuta) a dejar que el sonido orquestal sobrepase constantemente las voces de los cantantes, la labor de Ira Levin es correcta y la Orquesta Estable no decepciona en el abordaje de esta partitura dificultosa y exigente. No hay "Ángel de fuego" posible sin una gran protagonista, y la producción la tiene en la maravillosa Elena Popovskaya. También sobresale el tenor Román Sadnik, formidable en el doble papel del hechicero Agrippa von Nettelsheim y Mefistófeles. Menos impactante en lo vocal, Vladimir Baykov da plena vida a las torturas de Ruprecht, y dentro del extenso elenco cabe destacar a Hernán Iturralde (Fausto), Iván García (Inquisidor), Cecilia Díaz (Madre superiora), Guadalupe Barrientos (Posadera), Iván Maier (Doctor) y Alejandra Malvino (Vidente). El sector femenino del Coro Estable plasma por su parte una tarea titánica en sus dificilísimas líneas. Con notorios "claros" en la platea y otros sectores de la sala, el público del Gran Abono aplaudió con más mesura que entusiasmo en el final esta ópera que sólo puede comprenderse si es vista (no sólo oída), y que por su densidad y por la calidad de esta realización merece tal vez no una sino varias excursiones al Colón hasta el martes que viene. 
 "El ángel de fuego", ópera en cinco actos. Libreto y música: S. Prokofiev. Puesta en escena: F. Sanguinetti. Coro Estable del Teatro Colón (Dir.: M. Martínez). Orq. Estable del Teatro Colón. Dir.: I. Levin (Teatro Colón, 3 de noviembre). 
 
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