Avanti a Lui
Ha muerto José van Dam, nobleza y verdad de la voz grave
El mundo lírico despide a José van Dam (Bruselas, 1940–2025), una de las presencias más sólidas y reflexivas de la cuerda grave europea en la segunda mitad del siglo XX y los inicios del XXI. Dueño de un timbre oscuro, de línea sobria y dicción ejemplar, Van Dam encarnó un ideal de canto donde la inteligencia musical y la ética del texto prevalecieron siempre sobre el efectismo.
Formado en su ciudad natal, su carrera se proyectó pronto hacia los grandes escenarios internacionales. Fue figura habitual de la Opéra National de Paris, de la Royal Opera House, del Teatro alla Scala, del Metropolitan Opera, del Teatro Real y, de modo especial, del Théâtre Royal de la Monnaie, teatro con el que mantuvo un vínculo artístico y simbólico profundo. En cada uno de esos templos dejó una huella de autoridad serena.
Su relación con la Argentina tuvo capítulos significativos en el Teatro Colón. En la temporada 1995 encarnó a Simon Boccanegra, en un elenco de relieve internacional junto a Karita Mattila (María Boccanegra), Ferruccio Furlanetto (Fiesco) y Lando Bartolini (Gabriele Adorno). Su Boccanegra —introspectivo, noble, de fraseo cincelado— quedó en la memoria porteña como ejemplo de verdianismo contenido y profundamente humano. A ello se sumaron dos conciertos en la misma sala invitados por el Mozarteum Argentino, donde el Van Dam liederista y concertista reveló la otra cara de su arte: la del matiz, la palabra y la concentración expresiva.
El repertorio operístico de Van Dam fue vasto y cuidadosamente elegido. Don Giovanni —más aristócrata interior que seductor impetuoso—, Méphistophélès de ironía intelectual, Golaud herido y humano, un Wozzeck descarnado, Falstaff crepuscular y sabio: personajes construidos desde la intención dramática antes que desde el volumen. Van Dam persuadía; no necesitaba imponerse. Su canto, de emisión franca y homogénea, evitó siempre la grandilocuencia para abrazar la verdad teatral.
Su presencia trascendió el escenario. En 1988 protagonizó la película Le Maître de musique (El maestro de música), dirigida por Gérard Corbiau, donde encarnó a un cantante retirado que transmite su legado a una nueva generación. El film, convertido en obra de culto para los amantes de la lírica, es también un espejo de su propia concepción ética del arte.
Asimismo, su Leporello en el Don Giovanni de Joseph Losey permanece como una de las joyas del repertorio operístico filmado: refinado, irónico, musicalmente impecable, su interpretación contribuyó a que aquella versión mozartiana alcanzara estatus de referencia cinematográfica.
Pero si en la ópera fue figura de primer orden, en el lied alcanzó una dimensión aún más íntima. En recitales en Vienna, Salzburg y las principales salas europeas, su aproximación a Schubert, Schumann o Fauré reveló un artista atento al matiz, a la respiración del verso y al peso semántico de cada sílaba. Liederista de rara concentración, convirtió el escenario en espacio de confidencia.
Caballero de la cultura belga, formador y modelo para generaciones posteriores, Van Dam entendió la profesión como servicio al arte. Su legado no se limita a grabaciones memorables o a noches históricas en los grandes teatros; se cifra en una concepción del canto como responsabilidad intelectual y moral.
Con su partida se extingue una voz que supo habitar la sombra sin perder la luz. Queda, en la memoria de los teatros —y también en la del público argentino— la nobleza de un artista que hizo de la sobriedad una forma suprema de grandeza.
Víctor Fernández
www.avantialui.org
Víctor Fernández
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