Avanti a Lui
Notas

Covent Garden / La traviata
Ermonela Jaho encabeza una producción suntuosa y de gran resonancia de la ópera de Verdi
 
Ya en su cuarta década, la producción de La traviata firmada por Richard Eyre en 1994 se cuenta entre las puestas operísticas más perdurablemente populares de los tiempos modernos. En la noche de prensa —nada menos que la función número 585 en la Royal Opera House—, queda claro por qué este montaje sigue siendo un punto de entrada ideal para quienes se inician en la ópera: la narración es directa y eficaz, mientras el despliegue visual, diseñado por Bob Crowley, seduce con una sucesión de decorados fastuosos que invitan a dejarse llevar.
 
Pese a su grandiosidad, la velada comienza con sencillez. Las cuerdas delicadas del preludio acompañan una serie de fotografías granuladas de cortesanas del pasado, que se disuelven lentamente para dar paso a la Violetta de Ermonela Jaho, que aparece tras una gasa, pensativa y sombría, anticipando el destino que pronto se revelará.
 
La ópera de Giuseppe Verdi, estrenada en 1853 y basada en La dama de las camelias de Alexandre Dumas hijo, está jalonada de melodías célebres: el animado Brindisi, el coro de los gitanos —cantado por el amplio elenco sobre escenografías que evocan pinturas al óleo animadas— y el aria final de Violetta, Addio, del passato. Todo ello es interpretado con gran belleza por la orquesta de la Royal Opera House, bajo la batuta enérgica y a la vez sensible de Antonello Manacorda.
 
En escena, Jaho —que regresa al papel tras haberlo encarnado en 2008 y 2019— resulta especialmente impactante por su capacidad para hacer flotar las notas agudas más suaves con una delicadeza que parece desafiar la gravedad. Su dúo con Giovanni Sala, Un dì, felice, eterea, es la imagen sonora perfecta de dos enamorados en pleno cortejo, y contrasta con notable eficacia con el barítono pleno de Aleksei Isaev en Dite alla giovine, del segundo acto.
 
Pero Jaho no se limita a cantar con excelencia: también actúa con una convicción absoluta. La escena final, en la que alterna tos y canto mientras vive sus últimos minutos en una habitación parisina dominada por un enorme marco vacío —motivo escénico que se arrastra desde el segundo acto—, constituye un clímax conmovedor que ella encarna por completo. El abrazo final con Alfredo es un momento que eriza la piel. Sala e Isaev también impresionan, respaldados por un sólido reparto secundario: Veena Akama-Makia como la bondadosa Annina, Ellen Pearson como la cortesana Flora y Sam Hird como el rival amoroso, el barón Douphol.
 
La producción de Eyre puede no ser la más rupturista, pero destaca por su claridad narrativa y su atención minuciosa al detalle teatral. No sorprende que se haya convertido en un clásico muy querido: la historia de La traviata resuena con especial fuerza en una época marcada por el aumento de las desigualdades económicas, la inestabilidad política y la pobreza persistente. La decisión de Violetta de someterse a las convenciones sociales y renunciar a su amor puede parecer un sacrificio innecesario, pero encierra también una forma de heroísmo singular, en su intento honesto de equilibrar el ideal romántico con la dura realidad.
 
La traviata se presenta en la Royal Opera House hasta el 17 de febrero

 
Autor: Theo Bosanquet
Fecha: 9 de enero de 2026, 06:45
Medio: London Theatre
Lugar: Royal Opera House, Londres