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Notas

"¿Esa sensación de todo o nada? Me encanta»: ¿puede André de Ridder devolverle la vida a la English National Opera?"
Por Charlotte Higgins
Lunes 9 de febrero de 2026 – 16.22 GMT
 
André de Ridder es, según se lo mire, valiente o imprudente. Ha aceptado el cargo de director musical de la English National Opera, es decir, su principal director y custodio de la llama musical de la compañía. Asumirá formalmente el puesto en 2027. El cargo llevaba varios años vacante y cargado de angustia, desde que en 2022 el Arts Council England anunciara que la ENO perdería toda su financiación si no abandonaba Londres.
 
Tras una compleja reacción institucional que, para abreviar, permitió a la compañía conservar un pie en el London Coliseum aunque con un traslado parcial a Manchester, el antecesor de De Ridder, Martyn Brabbins, dimitió abruptamente en 2023, afirmando que la compañía se encaminaba hacia una «decadencia administrada». Antes que él, Mark Wigglesworth había renunciado en 2016, diciendo que la ENO estaba evolucionando hacia «algo que ya no reconozco». Todo empezaba a sonar como el argumento de una ópera. El castillo de Barbazul, quizá. Un director asesinado detrás de cada puerta de la mansión.
 
Y sin embargo, el entusiasmo de De Ridder es incontenible. Para muchos resultaría desalentador llegar a una institución cuyo coro y orquesta de nivel internacional han visto reducidos sus contratos a siete meses al año; de la que acaba de dimitir su director ejecutivo; y donde la moral —según confiesan fuentes internas— está por los suelos. Pero el berlinés de 54 años solo ve oportunidades. Desde su punto de vista, las sacudidas más duras ya quedaron atrás.
 
«Me gusta esta construcción entre Londres y Manchester», me dice en el Coliseum. «Y me gusta el espíritu pionero, el hecho de convertirnos en una compañía de ópera en una ciudad que hasta ahora no tenía una compañía residente». Hablamos antes de los ensayos del espectáculo que está dirigiendo, El ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny, la poco representada parábola moral sobre el capitalismo depredador de Bertolt Brecht y Kurt Weill.
 
Siente una fuerte conexión con Manchester: estudió allí durante dos años en el Royal Northern College of Music y más tarde fue asistente de Mark Elder en la Hallé. El nuevo esquema supone, a su juicio, «una gran oportunidad para una compañía de ópera y una gran oportunidad para la ópera en general» de desarrollar un nuevo público en el área metropolitana de Manchester, «quizá uno que no tenga ideas preconcebidas sobre lo que es la ópera». Opera North visita regularmente Salford (y, dato que parece haber pasado por alto el Arts Council, fue creada en los años setenta para ser la ENO del norte). Pero cuantos más, mejor, piensa él: la escena «solo puede volverse cada vez más rica».
 
Conoce bien a sus predecesores, incluido Edward Gardner, que desempeñó el cargo brillantemente entre 2007 y 2015. Ambos estudiaron juntos en Londres y tomaron clases con Brabbins, que fue profesor invitado en su curso de dirección. También lo fue Elder, director musical de la ENO en los años ochenta y noventa. Sobre Gardner y Brabbins, De Ridder dice: «Los quiero mucho a ambos y los admiro enormemente como directores, pero por ahora he decidido no hablar con ellos porque quería un comienzo limpio, sin equipaje. Solo quiero formarme mi propia opinión sobre cómo están las cosas».
 
Habla con entusiasmo de los planes para Manchester anunciados recientemente por la ENO, entre ellos el estreno en el Reino Unido de Angel’s Bone, de la compositora chino-estadounidense Du Yun, que se presentará en Aviva Studios en mayo. Obras como esta, cuyo tema es la esclavitud moderna y la trata de personas, ofrecen la posibilidad de ampliar los límites del género, afirma. «Du Yun es un ejemplo contemporáneo de lo que Kurt Weill hizo hace cien años —dice—, incorporando el punk y el cabaret a la música clásica contemporánea de una manera nueva». Y añade: «El mundo de la ópera puede ser bastante ensimismado y cerrado, un museo célebre. Manchester nos obliga a replantearnos qué significa la ópera y qué puede llegar a ser».
 
La orquesta de Angel’s Bone será la BBC Philharmonic, con sede en Manchester. Pero, ¿no es la ENO, por definición, una compañía formada por su coro, su orquesta, su personal técnico, su gente? Si se produce trabajo en Manchester sin la compañía, ¿sigue siendo realmente la ENO? Por otro lado, llevar producciones creadas en Londres a Manchester no solo es caro, sino también un tanto imperialista. ¿No hay un problema de base en la teoría del doble centro? «No es una calle de sentido único», responde De Ridder. El trabajo creado en Manchester puede llegar a Londres, mientras que «estamos buscando maneras de presentar trabajo con nuestros conjuntos estables en Manchester». Un ejemplo es una versión semiescenificada del Così fan tutte de la ENO en el Bridgewater Hall a finales de este mes.
 
De Ridder tiene, sobre todo, historia con la ENO. Como estudiante, en 1996, asistió en el Coliseum a producciones como la monumental Die Soldaten de Bernd Alois Zimmermann. (Le encantaría que en el futuro la ENO interpretara también obras emblemáticas, casi contemporáneas, nunca vistas en el Reino Unido, como Saint François d’Assise de Messiaen o Adriana Mater de Kaija Saariaho). Pero lo más importante ocurrió hace veinte años, cuando, con poco más de treinta, dirigió el estreno de la extraordinaria ópera The Bitter Tears of Petra von Kant, de Gerald Barry, basada en la película de Rainer Werner Fassbinder de 1972.
 
«La ENO me educó, la ENO me formó como artista en el escenario operístico», dice. «Fue una combinación afortunada de tiempo y lugar. Richard Jones dirigía —uno de los grandes— y Barbara Hannigan estaba haciendo su debut operístico en el Reino Unido». Recuerda «siete u ocho semanas intensas en la sala de ensayos». «La sensación de unidad, la visión, la certeza de que estábamos haciendo algo realmente especial, cómo todos remaban en la misma dirección… esta experiencia me malcrió para toda la vida. Y te aseguro que no es así en todas partes. Yo esperaba que fuera así en todas partes. No lo era, y no lo es. Por eso, cuando surgió este trabajo y empezamos a hablar, pensé: “Tengo que presentarme”».
 
Pero ahora no es lo mismo, ¿verdad? Los músicos y coreutas están mermados. Para Mahagonny dispone de tres semanas de ensayo en lugar de ocho, y solo tres funciones. Aun así, sigue creyendo. «El núcleo de la orquesta está ahí. El coro está ahí. Y el espíritu del “hagámoslo” también está ahí». Un par de días después de nuestra conversación, me envía un mensaje: «No fue, ni habría sido, mi elección acortar los contratos de los conjuntos estables de la ENO», aclara. «He llegado después de que esa decisión se tomara y se resolviera, y solo puedo imaginar lo duro que debió de ser. Pero ahora mi misión es sostener la excelencia y los objetivos de la ENO para todos».
 
Habla con pasión de Weill, cuyas canciones —como Alabama Song— adquirieron hace tiempo vida propia gracias, entre otros, a The Doors y David Bowie. Mahagonny surge del intenso crisol musical del Berlín de los años veinte, la misma ciudad de Schoenberg y Hindemith. «A Kurt Weill a menudo se lo ve como el tipo del jazz y lo descarado. Pero en esta obra se percibe que se formó en la escuela de Schoenberg y en el uso de formas antiguas —cánones, fugas, corales—, así como en el marco tonal y modal que luego desarrolló Hindemith. Se ven todas esas influencias, pero también el ragtime, el tango, el blues estadounidense. Hay momentos de puro Gershwin». Su propio padre solía dirigir esta ópera, junto con otras obras maestras de Brecht y Weill, en Berlín Occidental en los años ochenta. De Ridder está utilizando la partitura de su padre.
 
Actualmente, De Ridder es director musical de la ópera de la ciudad alemana de Friburgo. ¿Por qué cambiar una financiación cómoda y largos periodos de ensayo por la situación inestable de la ENO en un país con escasos recursos que incluso podría tener un gobierno de extrema derecha tras las próximas elecciones? Se ríe. «Creo que estamos mucho más cerca de tener un gobierno de extrema derecha en Alemania que ustedes aquí», dice. «No es la razón por la que me voy de Alemania, pero acabás de decir la palabra clave: “cómodo”. Es cómodo, sí, quizá demasiado cómodo».
 
Cuando hablamos, acaba de trabajar en los estudios 3 Mills, en el este de Londres. «Había tres producciones de la ENO ensayándose al mismo tiempo: Così fan tutte, Mahagonny y una reposición de HMS Pinafore de Gilbert y Sullivan, y el ambiente en el edificio era increíble. Se sentía como vida o muerte».
 
Añade: «Me encanta trabajar en Alemania. Me encanta que en cada ciudad haya un teatro de ópera. Pero la gente está cómoda». Mira a su alrededor, en el Coliseum, y concluye: «¿Esa sensación de todo o nada que tuve cuando llegué aquí por primera vez? Me encanta».
 
El ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny se presenta en el London Coliseum del 16 al 20 de febrero.
 
Crédito;
Este artículo es la traducción al castellano de una reseña publicada originalmente en The Guardia. Traducción realizada para su difusión en español. Título original: ‘That make-or-break feeling? I love it’: can André de Ridder put ENO back on its feet? 

Víctor Fernández