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Isolde: las grandes intérpretes de la historia
 
Si el papel de Tristan representa una de las pruebas más exigentes para los tenores dramáticos, Isolde no lo es menos para las sopranos. La heroína creada por Richard Wagner constituye uno de los grandes desafíos del repertorio wagneriano: una parte que exige amplitud vocal, resistencia extraordinaria y una intensidad dramática capaz de sostener algunos de los momentos más trascendentes de toda la historia de la ópera.
 
El reciente éxito de la soprano Lise Davidsen en el papel vuelve a poner en primer plano una tradición interpretativa que se extiende por más de un siglo, marcada por algunas de las voces más impresionantes que hayan pisado los escenarios operísticos.
 
Kirsten Flagstad y el ideal wagneriano
 
Para muchos aficionados, la gran referencia histórica del papel sigue siendo la soprano noruega Kirsten Flagstad.
 
Su voz monumental, de timbre noble y línea impecable, convirtió su interpretación de Isolde en un modelo casi insuperable durante el siglo XX. Sus actuaciones en el Metropolitan Opera en la década de 1930 marcaron un verdadero punto de inflexión en la interpretación del repertorio wagneriano.
 
El célebre Liebestod interpretado por Flagstad continúa siendo una de las referencias discográficas más admiradas por melómanos y especialistas.
 
Birgit Nilsson, la potencia dramática
 
Si Flagstad representó el ideal vocal del canto wagneriano, la soprano sueca Birgit Nilsson aportó al papel una potencia dramática y una proyección casi legendarias.
 
Durante las décadas de 1950 y 1960, Nilsson dominó el repertorio wagneriano en los grandes teatros del mundo. Su Isolde, imponente y luminosa, fue celebrada en el Festival de Bayreuth y en los principales escenarios internacionales.
 
Su asociación artística con tenores como Jon Vickers o Jess Thomas produjo algunas de las representaciones más memorables de Tristan und Isolde en el siglo XX.
 
Las Isolde del final del siglo XX
 
En las últimas décadas del siglo pasado, varias sopranos destacaron en este repertorio.
 
Entre ellas se cuentan intérpretes como Waltraud Meier, cuya aproximación al personaje privilegió la intensidad dramática y la profundidad psicológica, y figuras de gran potencia vocal que mantuvieron viva la tradición wagneriana en los principales teatros del mundo.
 
El papel exige no sólo potencia vocal, sino también un control refinado del fraseo y una gran inteligencia musical, particularmente en el extenso dúo del segundo acto y en el célebre “Mild und leise”, conocido universalmente como la Muerte de amor.
 
Isolde en Buenos Aires
 
La tradición de Tristan und Isolde en Buenos Aires es también notable. Tras la primera representación de la obra en la ciudad el 1 de agosto de 1901 en el antiguo Teatro de la Ópera, bajo la dirección de Arturo Toscanini y cantada en italiano, el título se incorporó con frecuencia al repertorio wagneriano del Teatro Colón.
 
A lo largo de más de un siglo, numerosas sopranos de gran prestigio interpretaron el papel en el Colón. Entre ellas figuran Amelia Pinto (1908); Lina Pasini Vitale (1911); Lucy Weidt (1912); Teresina Burchi (1917); Elena Rakowska (1920); Helene Wildbrunn (1922, primera intérprete en alemán en Buenos Aires); Elsa Bland (1923); Else Gentner-Fischer (1926); Beatriz Sutter-Kottlar (1928); Frida Leider (1931); Anny Konetzni (1933 y 1938); Ella De Nemethy (1934); Helen Traubel (1943); Kirsten Flagstad (1948); Birgit Nilsson (1955 y 1971); Gladys Kuchta (1963); Ludmilla Dvorakova (1966); Ute Vinzing (1977); Nadine Secunde y Janice Baird (2000); Waltraud Meier (2014, versión de concierto con la West-Eastern Divan Orchestra dirigida por Daniel Barenboim, interpretándose el Preludio, el Acto II y la Muerte de amor); y más recientemente Anja Kampe e Irene Theorin (2018).
 
Esta larga lista refleja el paso por Buenos Aires de algunas de las más importantes intérpretes del repertorio wagneriano, desde figuras legendarias del primer tercio del siglo XX hasta las grandes sopranos de la actualidad.
 
Un personaje inmortal
 
El personaje de Isolde constituye una de las cimas de la dramaturgia wagneriana. En ella se combinan la furia inicial, la pasión amorosa y la trascendencia final de la Liebestod, uno de los momentos más sublimes de toda la literatura operística.
 
Cada generación de sopranos se enfrenta inevitablemente a la herencia de aquellas grandes intérpretes del pasado. Sin embargo, el papel continúa revelando nuevas dimensiones con cada nueva voz que se atreve a abordarlo.
 
Más de siglo y medio después de su estreno, Isolde sigue siendo uno de los grandes símbolos del poder expresivo de la ópera.
 
Víctor Fernández