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Definir la ópera para una era moderna: Theory of Flames de Michel van der Aa en Ámsterdam
 
En los últimos años se ha discutido con frecuencia la relevancia de la ópera en una sociedad posmoderna del siglo XXI y su futuro como forma artística viable. ¿Cómo puede un género con raíces en la Antigua Grecia seguir hablando al gran público en una época en la que, por un lado, la capacidad de atención parece reducirse a causa de los avances tecnológicos y, por otro, la música clásica es vista cada vez más a través de una lente elitista?

Siguiendo la estela de sus obras anteriores, en las que fusiona cine y realidad virtual, el director de escena y cineasta, libretista y compositor neerlandés Michel van der Aa aborda esta cuestión de frente en su última ópera, Theory of Flames, estrenada por la Dutch National Opera en el marco de la décima edición del Opera Forward Festival.
 
En esta nueva creación, van der Aa —quien inició su vida profesional como ingeniero de sonido— entrelaza el teatro tradicional con la tecnología y el multimedia. Se pregunta qué es realmente “real” en un mundo donde la verdad se mide cada vez más en función de la experiencia personal de cada individuo y no de los hechos. Y plantea otra cuestión esencial: ¿es todavía posible relacionarse con quienes piensan de manera diferente? Al combinar con fluidez temas políticos actuales —como las fake news y las teorías conspirativas— con formas artísticas contemporáneas, van der Aa ha creado una ópera muy singular para la era moderna.
 
La intrigante trama gira en torno a Neola, una comprometida directora de cine que se ve atrapada en teorías conspirativas en internet mientras investiga para su nueva película sobre un científico cuyo laboratorio se incendia en circunstancias sospechosas. A medida que profundiza en el caso, descubre paralelismos entre realidad y ficción, y la línea que las separa se difumina rápidamente. Su compañera Marianne y el equilibrado camarógrafo Josh —a través de cuya lente vemos desarrollarse la historia— luchan por devolverla a la cordura.
 
La escenografía es un auténtico festín visual. Creada conjuntamente por Theun Mosk, Joost Rietdijk y la doubleA Foundation, combina imágenes filmadas previamente con acción en vivo (controlada en tiempo real por un músico desde el foso) que se proyectan con fluidez sobre una serie de pantallas móviles de diversas formas, evocando un seductor ambiente de Alemania Oriental anterior a 1989. Colores intensos y distintivos —rojo, negro y blanco, verde máquina— ayudan a impulsar la acción dramática.
 
El reducido pero impecable reparto, con el que van der Aa ya ha trabajado en otras ocasiones, está encabezado (en las tres primeras funciones) por la magnífica soprano británica Mary Bevan, que debuta con la Dutch National Opera. Su entrega al oficio es palpable en todos los sentidos. Más allá de su exquisito control de la respiración —a pesar de encontrarse visiblemente embarazada— su honesta y profundamente conmovedora interpretación del progresivo descenso de Neola hacia la locura, encarnada precisamente como mujer embarazada, añadió una capa adicional de complejidad a la narrativa, quizá no prevista pero muy poderosa. Su aria “I see who you really are”, acompañada por el hipnótico coro de la DNO, marcó el nivel de la velada. De igual modo, la científica interpretada en pantalla por Julia Bullock, con su “Open your eyes”, acompañado por trompeta con sordina, transmitió una emoción cruda e intensa.
 
Para los amantes de la literatura, la calidad del libreto en inglés no pasa desapercibida, interpretado con impecable dicción por cantantes angloparlantes. La Marianne de Helen Charlston saboreó cada consonante —especialmente su incisiva “k” en “tiny flickering dots”— mientras que un explosivo “we wait” provocó escalofríos. Van der Aa parece reservar su escritura más emotiva para el barítono británico Roderick Williams, quien da vida a Josh. El compositor manipula las palabras creando capas de simbolismo tanto figurativas como literales, acercando la cámara para volver a centrar la atención del público. Expresiones contemporáneas —como referirse al cerebro de Neola como “un refrigerador bajo estrés” o la frase “If there is a switch, turn it off”— se mezclan con elementos científicos (“chlorine, sulphur…”, repetidos hasta el agotamiento) y sofisticados recursos poéticos. La delicada fragilidad de Williams en “We morph, we split, we sever”, con sus sílabas ondulantes que ascienden repetidamente hacia el registro de falsete, evocó no sólo la escritura de Benjamin Britten para Peter Pears, sino también los ritmos y rimas de la poeta romántica Emily Dickinson. Acompañado por un exquisito solo de corno, este momento fue uno de los puntos culminantes de la noche.
 
La talentosa directora musical Elena Schwarz —cuya precisión y atención al detalle constituyen una de las armas secretas de van der Aa— dirigió la compleja partitura. El texto hablado se acompañaba de abrasivos efectos electrónicos que competían con líneas sincopadas de bajo jazz/funk (con referencias a los primeros trabajos de Radiohead y Peter Gabriel) o con armonías corales a cappella de gran riqueza, más cercanas a las resonantes sonoridades del conjunto Voces8.
 
La Residentie Orkest navegó esta partitura compleja con total solvencia. Al tratar la electrónica simplemente como un instrumento más que amplía su vocabulario musical —de manera similar a la incorporación histórica de trompetas, trombones y percusión a la orquesta moderna— van der Aa parece abrir nuevos caminos. Theory of Flames es una producción que uno querría volver a ver… una y otra vez.
 
Créditos
Artículo original: Clare Varney
Publicado: 8 de marzo de 2026
Titulo original y link a la versión en original en ingles: Defining opera for a modern age: Michel van der Aa’s Theory of Flames in Amsterdam
Fuente: Bachtrack (crítica de Theory of Flames, Dutch National Opera, Ámsterdam)
 
 
Víctor Fernández