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Una semana musical intensa: Chaikovski, Brahms y la diversidad del panorama argentino
La actividad musical argentina de estos días presenta un panorama particularmente rico y diverso, donde conviven grandes clásicos del repertorio internacional, nuevas propuestas experimentales y manifestaciones de la tradición popular reinterpretadas desde la escena contemporánea.
El eje más visible de la programación lo constituye el regreso de El lago de los cisnes al Teatro Colón, con la coreografía de Raúl Candal basada en la histórica versión de Marius Petipa y Lev Ivanov. Esta producción —creada originalmente para la despedida de Julio Bocca en 2007 en el Luna Park— vuelve a ocupar el escenario del primer coliseo argentino con el Ballet Estable del teatro y la dirección musical de Diego Censabella, prolongando una tradición que vincula estrechamente al Colón con el gran repertorio del ballet clásico. La partitura de Piotr Ilich Chaikovski, una de las más célebres de toda la historia de la danza, reaparece así como centro de gravedad de la semana musical porteña, con varias funciones consecutivas que subrayan su vigencia artística.
El repertorio sinfónico también ocupa un lugar destacado. La Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la dirección de Mariano Chiacchiarini, propone un programa que enlaza el clasicismo mozartiano con el romanticismo alemán: el Concierto para violín Nº 3 de Mozart, con la solista Pilar Policano, y la Tercera Sinfonía de Brahms, obra de madurez en la que el compositor alcanza uno de sus lenguajes más personales y equilibrados. En paralelo, la Orquesta Sinfónica Provincial de Bahía Blanca, dirigida por Luis Belforte, aborda otro gran capítulo del romanticismo con la Obertura trágica de Brahms y la monumental Cuarta Sinfonía de Chaikovski, páginas de intenso dramatismo y brillante escritura orquestal.
La música de cámara también encuentra su espacio en distintos escenarios. El recital del pianista Alan Kwiek en el Teatro Argentino de La Plata propone un recorrido por el romanticismo europeo —de Schumann y Brahms a Ravel y Albéniz— mientras que en Buenos Aires la soprano Lucía Alonso y el guitarrista Javier Aranguren presentan un programa de canciones que une repertorio español y latinoamericano. A ello se suma la propuesta de Buenos Aires Ópera de Cámara, que combina la breve ópera El teléfono de Gian Carlo Menotti con escenas de Porgy and Bess de George Gershwin, recordando el permanente diálogo entre la ópera y el teatro musical estadounidense.
Otro rasgo notable de la programación es la presencia del Ballet Folklórico Nacional, dirigido por Glenda Casaretto, que ofrece un espectáculo construido sobre músicas de Mariano Mores, Astor Piazzolla, Osvaldo Pugliese y compositores del litoral y de Cuyo. En estas coreografías —desde Transfiguración del gaucho hasta Estampas del litoral— la danza folklórica dialoga con la tradición urbana del tango y con diversas expresiones musicales del país.
Finalmente, el Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC) presenta Geonnitus, un concierto audiovisual dedicado a reflexionar sobre el fracking. La obra, concebida por un equipo interdisciplinario de artistas, combina electrónica, instrumentos de viento, dispositivos mecánicos y proyecciones audiovisuales, confirmando el papel del CETC como laboratorio de exploración estética dentro de la vida musical porteña.
En conjunto, esta semana musical muestra un panorama donde la tradición y la experimentación conviven con naturalidad: desde el romanticismo de Brahms y Chaikovski hasta la música contemporánea y las expresiones folklóricas, el calendario revela la vitalidad de una escena que continúa ofreciendo múltiples caminos para la experiencia musical.
Víctor Fernández
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