Avanti a Lui

La Tetralogia de la Royal Opera prosigue con un Siegfried de primera categoria
 
El director Barrie Kosky pone el foco en el mensaje ecologico de Wagner y lo plasma con gran imaginacion
 
Se alza el telon y aparece una mujer anciana, desnuda, balanceandose suavemente en un columpio. Es Erda, la Madre Tierra, que observa en silencio como dioses, hombres y enanos devastan la naturaleza movidos por su codicia compartida.
 
Su presencia ha sido una constante en la produccion en curso de Der Ring des Nibelungen de Wagner firmada por Barrie Kosky, de modo que no sorprende verla regresar en la tercera entrega, Siegfried. Mientras otros directores se enredan tratando de desentrañar los multiples temas del Ring, Kosky ha optado por uno que preocupaba profundamente al compositor: la destruccion del orden natural por parte del hombre en su afan de riqueza material.
 
La naturaleza esta siempre cerca en Siegfried, aunque aqui no siempre de la manera esperada. En los decorados de Rufus Didwiszus, la guarida de Fafner aparece, de manera extraña, sepultada bajo la nieve de pleno invierno. Cabe preguntarse por que Siegfried querria descansar bajo el tilo en medio de un ventisquero. En cambio, la roca de Brünnhilde esta cubierta por un prado de flores de colores irisados, entre las cuales ella y Siegfried retozan como si estuvieran en el Jardin del Eden. Muy considerada Erda, al seguir regando las plantas en plena desnudez.
 
Aunque este Ring se ha mostrado reacio a fijar con claridad una epoca determinada, Siegfried se abre como una escena salida de un cuento de los hermanos Grimm, con Mime viviendo en una pintoresca casa en el arbol y con su fragua convertida en una fantastica amalgama de maquinas.
 
El primer acto de la opera dificilmente podria salir mejor. La forja de Nothung hace saltar chispas en el momento justo, y la conflictiva relacion entre Siegfried y su progenitor sustituto, Mime, esta brillantemente planteada. Son dos seres que se han soportado durante años, hasta el punto de que la familiaridad ha engendrado desprecio, mientras el adolescente pendenciero vacia la olla de la cena sobre la cabeza de su tutor.
 
Pocos Siegfrieds aparentan la edad adecuada, y Andreas Schager no es una excepcion, por mas que se entregue con entusiasmo a subrayar el costado adolescente del personaje. Su gran baza es que se trata de un autentico tenor heroico, no de un cantante de caracter sobredimensionado, y sigue cantando con la misma firmeza al cabo de casi cinco horas que al comienzo. En resistencia y seguridad, la Royal Opera no ha visto a otro igual en medio siglo.
 
Las escenas de Schager con el Mime servil y rastrero de Peter Hoare, un retrato de autentico virtuosismo que parece primo hermano de Gollum en The Lord of the Rings de Tolkien, dificilmente podrian ser mas entretenidas. Y al final, este Siegfried se ve recompensado tambien con la frescura primaveral de la radiante, aunque liviana de voz, Brünnhilde de Elisabet Strid, que juguetea entre las flores.
 
Otro encuentro cargado de hallazgos es el que enfrenta al Wanderer de Christopher Maltman con el Alberich de Christopher Purves, un Wanderer ahora tan relajado en su aceptacion del destino que mordisquea despreocupadamente unas papas fritas. Puede que Maltman no posea la amplitud vocal de un Wanderer como el calidamente humano Donald McIntyre o el titanico John Tomlinson, pero resulta impresionantemente incisivo y comprende cada palabra que canta.
 
El Fafner de Soloman Howard, luciendo un brillante abrigo dorado fruto de su botin, canta con la gravedad apropiada su escena de muerte. Wiebke Lehmkuhl emerge reptando desde debajo de las voluminosas faldas de Erda - por que ahora esta vestida? - para la unica escena vocal de la Madre Tierra. Sarah Dufresne canta un Pajaro del Bosque ligero y aereo, mientras sus palabras son mimadas, al estilo karaoke, por Erda, una de las pocas ideas que no terminan de funcionar del todo.
 
Todos se ven arrastrados por la direccion agil y minuciosamente detallada de Antonio Pappano. El empuje musical de Siegfried le sienta de maravillas y aqui no hay un solo momento aburrido. Ademas obtiene una respuesta de primera clase de la Orquesta de la Royal Opera, en especial de los violines en su traicioneramente expuesta ascension hasta la cima de la roca de Brünnhilde.
 
En este Siegfried, el Ring de Kosky ha perdido algo de la claridad y coherencia de sus primeras entregas, pero ha ganado en imaginacion, y el mensaje ecologico de la produccion se mantiene firmemente en curso. Es apuesta segura que la desnuda Erda estara alli tambien al final de todo.
 
Creditos
Richard Fairman, para The Financial Times
 
Víctor Fernández