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La Komische Oper Berlin y una temporada 2026-27 entre el gran repertorio, la fantasia escenica y la defensa del publico joven
 
La Komische Oper Berlin ha presentado su temporada 2026-27 con un mensaje tan claro como desafiante: aun en un contexto de recortes presupuestarios, la ambicion artistica no debe ceder. En la carta de apertura de la nueva programacion, Susanne Moser, Philip Broking y el director musical general James Gaffigan subrayan que el teatro sigue encontrando su razon de ser en esa chispa visible al final de las funciones infantiles, en los rostros de los chicos, donde se advierte hasta que punto el teatro musical puede despertar entusiasmo, curiosidad y asombro. Esa idea no aparece como un mero prologo institucional, sino como la clave de una temporada que quiere sostener la calidad, ampliar el acceso y preservar la riqueza de su identidad artistica.
 
Los responsables del teatro no eluden el contexto. La reduccion del presupuesto cultural, admiten, no facilita el trabajo cotidiano, y la consecuencia directa sera un numero menor de nuevas producciones. Pero incluso en ese marco, la Komische Oper reivindica un programa "valiente y variado" y afirma que la calidad artistica no debe deteriorarse bajo la presion del ahorro. La declaracion no es menor en una ciudad donde la vida musical sigue siendo uno de los grandes signos de identidad cultural. En ese sentido, la temporada 2026-27 parece construida como una respuesta concreta: menos estrenos, acaso, pero no menos personalidad.
 
El comienzo de la temporada concentrara nuevamente las energias del teatro en el Hangar de Tempelhof, donde se presentara una de las cumbres del teatro musical del siglo XX: Lear, de Aribert Reimann, en una puesta de Barrie Kosky. La eleccion del titulo ya dice mucho sobre el tono del nuevo curso. No se trata de una apertura complaciente, sino de una obra de extrema intensidad dramatica, basada en Shakespeare, que exige densidad musical, potencia teatral y un fuerte compromiso interpretativo. Con ella, la Komische vuelve a apostar por una de sus señas de identidad: el riesgo artistico entendido no como gesto decorativo, sino como centro mismo de su proyecto.
 
Despues de una de sus infrecuentes incursiones en el repertorio italiano, con Madama Butterfly en la puesta de Andrea Breth, y de la continuacion de sus exploraciones en el "teatro musical alegre" de la ex Alemania Oriental con Bretter, die die Welt bedeuten, la institución anuncia para enero la primera produccion escenica realizada en Berlin de Krol Roger, la opera mistica de Karol Szymanowski, con puesta de Evgeny Titov. La programacion deja entrever, asi, una de las virtudes mas firmes de la Komische: la convivencia entre los grandes titulos consagrados, las rarezas del siglo XX y las zonas menos transitadas de la historia del teatro musical europeo.
 
En abril llegara uno de los momentos mas singulares de la temporada: Cast a Diva, obra escrita especialmente para una de las figuras emblematicas del teatro, Dagmar Manzel, que ocupara el centro de la escena en una propuesta pensada a su medida. Y el cierre tendra el caracter de un verdadero golpe de efecto: una nueva produccion propia de Porgy and Bess, de George Gershwin, con James Gaffigan en el foso y Barrie Kosky nuevamente a cargo de la puesta en escena. Tras su serie berlinesa, esta produccion viajara como invitada a Paris, Copenhague y Lyon, un dato que confirma hasta que punto la Komische sigue proyectando internacionalmente su perfil artistico.
 
Uno de los aspectos mas significativos de esta temporada es, sin embargo, el lugar central concedido al publico joven. El propio teatro destaca que en la temporada 2026-27 ofrecera 35 funciones destinadas a niños y familias. No es un detalle complementario, sino una toma de posicion. La apuesta por la opera infantil y por el teatro musical como experiencia formativa reaparece como una conviccion profunda. En ese marco se inscribe Hänsel und Gretel, de Engelbert Humperdinck, presentada como una opcion ideal para una salida en familia, capaz de reunir a chicos, padres, abuelos, aficionados y neofitos. La descripcion oficial insiste en la mezcla de ingenio, ternura y sensibilidad hacia la mirada infantil, y subraya que la historia habla de coraje, amor entre hermanos y fuerza del lazo familiar.
 
La produccion de Dagmar Manzel para esta celebre opera de Humperdinck aparece descripta como un paisaje de sueños donde el juego y la gravedad, el miedo y la poesia, conviven en equilibrio delicado. Arboles que bailan, seres del bosque, y la casita viviente de la bruja Rosina Leckermaul convierten la escena en un espacio de maravilla. La partitura, con su riqueza de color y su hondura emocional, se presenta como una invitacion al asombro compartido entre generaciones. Hay, en esta lectura, una idea de teatro que no infantiliza a su publico joven, sino que lo invita a entrar en una experiencia estetica plena.
 
Muy distinta es la atmosfera de Die Nase, de Dmitri Shostakóvich, otro de los titulos fuertes del repertorio. En la vision de Barrie Kosky, la obra se transforma en una pesadilla satirica de imaginacion desbordante: narices que bailan tap, mesas-rickshaw en movimiento, figuras caricaturescas y vestuarios estridentes entre el folklore y el historismo, todo ello dentro de un espacio gris y frio que, pese a su tamaño, resulta claustrofobico. La historia absurda de Platon Kusmitsch Kowaljow, el hombre que pierde la nariz y ve como esta adquiere vida propia, queda presentada como un caleidoscopio grotesco sobre la vanidad, la paranoia y la pequeñez humana. La comparacion con una mezcla de Wozzeck y Alicia en el pais de las maravillas sintetiza bien el espiritu de esta propuesta: una logica delirante, pero perfectamente coherente en su propio desvario.
 
La propia informacion del teatro rescata, ademas, un aspecto crucial de esa produccion: la manera en que, en medio del estruendo grotesco, emerge una inesperada dimension humana del protagonista. En la lectura citada del Tagesspiegel, el trabajo de Gunter Papendell aparece destacado precisamente por eso: por hacer de Kowaljow no solo un ser ridiculo y corroido por la ambicion, sino tambien una criatura vulnerable. Esa capacidad de pasar de la caricatura al desgarro es una de las marcas mas reconocibles del teatro de Kosky y explica buena parte de su perdurable influencia en la fisonomia de la Komische Oper.
 
En un registro completamente diferente, la temporada incluye tambien My Fair Lady, de Frederick Loewe, uno de esos titulos que desde hace casi setenta años siguen mostrando una vitalidad intacta. La historia del profesor obsesionado con el lenguaje que modela a una florista proletaria hasta convertirla en dama refinada conserva su brillo entre ironia social, comedia sentimental y melodias inolvidables. La produccion de Andreas Homoki es presentada como una version sin artificios innecesarios, sostenida por excelentes cantantes, una suntuosa ambientacion y una energia escenica que evita el exceso. Los elogios citados por la propia casa hablan de trajes de los años veinte, gramofonos gigantes como parte de la escenografia y un aplauso fervoroso para un espectaculo que demuestra que el musical clasico sigue teniendo un lugar natural en el universo estetico del teatro.
 
Visto en conjunto, el mapa de la temporada 2026-27 de la Komische Oper Berlin revela una casa que no quiere elegir entre modernidad y tradicion, entre repertorio exigente y apertura popular, entre riesgo y accesibilidad. Lear, Krol Roger, Porgy and Bess, Hänsel und Gretel, Die Nase y My Fair Lady trazan una linea que va de Shakespeare a Gershwin, de la fabula infantil a la satira feroz, del musical clasico a la opera mistica. En tiempos de ajuste, la respuesta de la Komische parece consistir en reafirmar precisamente aquello que la distingue: una confianza obstinada en el poder del teatro musical para conmover, sorprender y convocar nuevos publicos sin resignar complejidad ni ambicion.
 
Fuente
Komische Oper Berlin, presentacion oficial de la temporada 2026-27 y fichas de obras del sitio institucional y del Spielzeitheft 2026-27
 
 
Víctor Fernández