Avanti a Lui
El Théâtre des Champs-Élysées no presenta simplemente una nueva temporada: vuelve a exponer una idea de teatro. Desde 1913, cuando la modernidad irrumpió en la Avenue Montaigne entre el refinamiento arquitectónico y el temblor histórico de Le Sacre du printemps [La consagración de la primavera], de Igor Stravinsky, esta casa parisina parece destinada a vivir en ese punto de equilibrio donde la tradición no se conserva como reliquia, sino que se reactiva en presente. La temporada 2026-2027 confirma, una vez más, esa vocación: 126 propuestas entre ópera, conciertos, danza y espectáculos para público joven, concebidas no como una acumulación de títulos, sino como una verdadera cartografía de la cultura europea.
La ópera ocupa, naturalmente, el centro de esa constelación. El calendario lírico se abre el 13 de septiembre de 2026 con Götterdämmerung [El ocaso de los dioses], de Richard Wagner, en una de esas citas que bastan para dar tono a toda una temporada, y se prolonga luego con Roma, de Jules Massenet, el 28 de septiembre; Médée [Medea], de Marc-Antoine Charpentier, el 30 de septiembre; Le nozze di Figaro [Las bodas de Fígaro], de Wolfgang Amadeus Mozart, el 13 de octubre; y L’amour des trois oranges [El amor de las tres naranjas], de Serguei Prokofiev, el 14 de octubre. Ya en noviembre llegarán Manon Lescaut, de Giacomo Puccini, del 2 al 15; Stabat Mater, Nisi Dominus, de Antonio Vivaldi, el 8; Agrippina, de Georg Friedrich Haendel, el 10; y La rondine, de Giacomo Puccini, el 19. Diciembre traerá Les pêcheurs de perles [Los pescadores de perlas], de Georges Bizet, del 5 al 14; El Mesías, de Georg Friedrich Haendel, el 6; y Oratorio de Navidad, de Johann Sebastian Bach, el 18.
La temporada de 2027 mantendrá esa densidad. Enero ofrecerá L’Orfeo [Orfeo], de Claudio Monteverdi, el 18; Miserere, Les Vêpres [Miserere, Las vísperas], de Gregorio Allegri y Serguei Rachmaninov, el 19; Il barbiere di Siviglia [El barbero de Sevilla], de Gioachino Rossini, el 20; y Réquiem, de Wolfgang Amadeus Mozart, el 27. Febrero y marzo reunirán Rinaldo, de Georg Friedrich Haendel, del 22 al 28 de febrero; Israel en Egipto, de Georg Friedrich Haendel, el 27 de febrero; Attila, de Giuseppe Verdi, el 4 y el 6 de marzo; Le Carnaval Baroque [El carnaval barroco], de Il Fàsolo a Monteverdi, el 9; Mitridate, re di Ponto [Mitridate, rey del Ponto], de Wolfgang Amadeus Mozart, el 12; Dido y Eneas, de Henry Purcell, el 13; Pasión según San Juan, de Johann Sebastian Bach, el 22; Faust [Fausto], de Charles Gounod, el 23; Stabat Mater, de Giovanni Battista Draghi llamado Pergolesi, el 27; Die sieben Todsünden [Los siete pecados capitales], de Kurt Weill y Bertolt Brecht, el 30; y Pasión según San Mateo, de Johann Sebastian Bach, el 31. Abril, mayo y junio completarán el arco con Maria Stuarda, de Gaetano Donizetti, el 1 de abril; el concierto del Chœur et Orchestre de la Gaechinger Cantorey, dirigido por Hans-Christoph Rademann, el 2; Orphée [Orfeo], de Hector Berlioz, del 20 al 29 de abril; Mitridate, de Nicola Porpora, el 26; La Griselda, de Antonio Vivaldi, el 12 de mayo; Œdipus Rex [Edipo rey], de Igor Stravinsky, el 24; Hippolyte et Aricie [Hipólito y Aricia], de Jean-Philippe Rameau, el 28; Romeo y Julieta, de Daniel Steibelt, el 9 de junio; El castillo de Barbazul, de Béla Bartók, el 22; y Platée, de Jean-Philippe Rameau, el 24 de junio.
No se trata, sin embargo, de una simple sucesión de títulos ilustres. Hay en esta programación una conciencia muy precisa de la historia francesa del género. Médée, de Marc-Antoine Charpentier, remite a la gran tradición de la tragédie lyrique; Hippolyte et Aricie, de Jean-Philippe Rameau, devuelve al centro de la escena una obra decisiva en la historia del teatro musical francés; Les pêcheurs de perles, de Georges Bizet, trae consigo el recuerdo del joven compositor que todavía no había escrito Carmen; Faust, de Charles Gounod, vuelve a convocar una de las cumbres del romanticismo francés; y Orphée, de Hector Berlioz sobre Gluck, restituye ese refinamiento tan específicamente parisino que sabe releer el pasado sin embalsamarlo. Incluso un título como Roma, de Jules Massenet, poco frecuente en los escenarios, adquiere aquí el carácter de un redescubrimiento cultivado, casi de arqueología viva.
A ello se suma el relieve de los intérpretes. Ailyn Pérez y Roberto Alagna al frente de Manon Lescaut, Pretty Yende en Les pêcheurs de perles, Philippe Jaroussky en el universo de Vivaldi y Haendel, Marie-Nicole Lemieux en Médée y luego en Orphée, Magdalena Kozená en Agrippina, Ermonela Jaho en Maria Stuarda, El?na Garanca en El catillo de Barbazul y Riccardo Muti en Attila bastarían por sí solos para definir la categoría internacional de la temporada. Pero el mérito del teatro consiste en algo más sutil: no convoca solamente nombres célebres, sino artistas cuyas trayectorias dialogan con el sentido histórico de las obras. Así, cada función parece proponerse no sólo como acontecimiento vocal, sino también como lectura.
Los conciertos prolongan esa misma ambición. Beethoven atraviesa buena parte del ciclo, ya sea en manos de Renaud Capuçon y Mao Fujita, de la Orquesta Nacional de Francia, de Les Siècles o de la Wiener Philharmoniker; a su lado aparecen Mozart, Schubert, Schumann, Chaikovski, Nielsen, Dvorák, Strauss, Korngold y la creación contemporánea, en programas confiados a figuras como Teodor Currentzis, Patricia Kopatchinskaja, Emmanuel Pahud, Javier Perianes, Daniele Gatti y Philippe Jordan. El Champs-Élysées confirma así una de sus virtudes más antiguas: la de no separar la vida lírica de la vida sinfónica, como si ambas formas de escuchar pertenecieran, en el fondo, a una misma tradición del oído.
La danza ocupa asimismo un lugar de fuerte identidad. La serie TranscenDanses reúne al Malandain Ballet Biarritz, al Boston Ballet, al Ballet de l’Opéra de Lyon, al Ballet Nacional de Noruega, además del flamenco contemporáneo de Rubén Molina, la relectura de Les 4 saisons dansées [Las cuatro estaciones danzadas] por Mourad Merzouki y el universo singular del Cirque Le Roux. En un teatro marcado para siempre por la memoria de Stravinsky, Nijinsky y Diaghilev, esa presencia coreográfica no es un adorno: es una reafirmación de origen.
La programación para público joven completa, finalmente, el sentido más profundo de la temporada. Pierre et le loup [Pedro y el lobo], de Serguei Prokofiev; Alice au pays des merveilles [Alicia en el país de las maravillas]; Le Messie pour les enfants [El Mesías para niños]; L’Histoire du soldat [La historia del soldado], de Igor Stravinsky; Casse-Noisette [Cascanueces]; Le Carnaval des animaux [El carnaval de los animales], de Camille Saint-Saëns; Le Violon magique [El violín mágico]; Paul Smith & Voces8; y La Fille du régiment [La hija del regimiento], sobre Gaetano Donizetti, revelan que el teatro no piensa sólo en su prestigio inmediato, sino también en la transmisión. Y esa idea, en una institución histórica, vale tanto como cualquier nombre de cartel.
La temporada 2026-2027 del Théâtre des Champs-Élysées aparece así como una vasta escena de correspondencias: entre Francia y Europa, entre el Barroco y el siglo XX, entre la gran voz, la gran orquesta y el cuerpo danzante, entre la memoria y la primera escucha. En la Avenue Montaigne, la historia vuelve a sonar no como un eco lejano, sino como una presencia viva.
Fuente
Pagina web del Théâtre des Champs Élysées
Pagina web del Théâtre des Champs Élysées
Víctor Fernández
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