Avanti a Lui
Zúrich, Opernhaus: Scylla et Glaucus
27.03.2026
27.03.2026
Una rareza para el festival ZÜRICH BAROCK
Tragédie en musique en un prólogo y cinco actos | Música: Jean-Marie Leclair | Libreto: d'Albaret (nombre desconocido), según las Metamorfosis de Ovidio y la tragedia Circé de Corneille | Estreno: 4 de octubre de 1746 en París | Funciones en Zúrich: 27.3., 29.3., 31.3., 2.4., 6.4., 30.4. y 2.5.2026.
Crítica
Lo admito: a menudo me cuesta encontrar la entrada a puestas en escena en las que adultos deben representar en el escenario a niños o adolescentes. Siempre hay en ello algo forzado, incluso extraño. Así me ocurrió hace veintiocho años al comienzo del Lohengrin de Konwitschny en Hamburgo, donde la acción transcurría en un aula guillermina*, y así me ocurrió también anoche, al inicio de la función en el Opernhaus Zürich, donde el director Claus Guth situó la ópera Scylla et Glaucus de Leclair en un internado llamado "Lycée Jean Marie Leclair". Pero, como entonces en Hamburgo, donde aquel Lohengrin de Konwitschny alcanzó con el tiempo un estatus de culto, sigue aún en el repertorio de la Staatsoper y en estos días vuelve a reponerse, también en Zúrich me sucedió algo semejante: cuanto más avanzaba la velada, con mayor intensidad podía entregarme a la visión entretenida y extraordinariamente bien resuelta de Claus Guth y su equipo.
Claus Guth no es precisamente un desconocido en Zúrich. En tiempos de la intendencia de Alexander Pereira firmó allí, entre otras, Ariadne auf Naxos, aquella producción de la Kronenhalle que también alcanzó un aura de culto, además de Tristan und Isolde y Parsifal. Para esta rara vez representada ópera de Leclair, esa desdichada historia amorosa de la Antigüedad que es Scylla et Glaucus, pidió a Etienne Pluss, de quien se recuerdan en Zúrich La rondine y en Frankfurt Martha y Der Rosenkavalier, una escenografía de asombrosa riqueza de detalles, fascinantemente flexible y refinada. Biblioteca, aula, gimnasio, vestuario: todos esos espacios se abren mediante el desplazamiento casi mágico de una sola pared de libros y permiten cambios de escena y superficies de juego adecuadas para este teatro colegial de iniciación, por momentos vivísimo, incluso rebosante de fogosidad juvenil, que al final se precipita brutalmente hacia lo trágico.
Los uniformes escolares, con faldas tableadas, pantalones cortos y medias hasta la rodilla, así como las faldas y las blusas severamente cerradas del personal femenino docente, remiten a comienzos del siglo pasado, o quizá del anterior. Los diseñó Ursula Kudrna. El dispensador de agua, que adquirirá importancia cuando Circé vierta allí su veneno en el quinto acto, las esterillas de yoga y el equipamiento del gimnasio con cesto de baloncesto, pelotas y salidas de emergencia iluminadas, parecen mucho más actuales. En cambio, las instalaciones eléctricas y el teléfono vuelven a sonar anticuados, del mismo modo que el disciplinado adiestramiento de los alumnos durante la obertura, cronometrado con exactitud sobre la música.
La conducción de actores posee una frescura verdaderamente arrolladora: es entretenida, explícita, observada con precisión y, en la manera de integrar los numerosos bailes con el drama, notablemente ingeniosa y convincente. La coreografía y la asistencia de dirección corren por cuenta de Sommer Ulrickson. Ejemplos: cuando Glaucus canta su himno a la ninfa Scylla, lo lee de un libro extraído de la extensa biblioteca escolar; cuando Scylla y Glaucus por fin se encuentran, los estudiantes organizan para ambos una boda teatral, y Amor, una mujer madura encarnada por Piroska Nyffenegger, dispara su flecha hacia la caja de distribución eléctrica y provoca un cortocircuito al llegar el entreacto. También después del intervalo las luces siguen parpadeando de manera inquietante, como dirigidas y escenificadas por Amor, mientras los alumnos yacen en posturas retorcidas en los rincones de lectura y Circé, la maestra de atuendo tan severo seduce a Glaucus irrumpiendo desde la ducha hacia el vestuario. Totalmente invasiva.
Leclair, que fue también bailarín y maestro de ballet, introduce una y otra vez intermedios danzados en su única ópera. Aquí se utilizan a veces para duplicar el triángulo amoroso entre Circé, Glaucus y Scylla, y otras para representar a los compañeros de colegio. Pietro Cono Genova, Emma Bas González, Sara Peña y Maren Kathrin Sauer actúan y bailan a veces con un aire casi zombi y otras con virtuosismo y rapidez. También los integrantes de la Zürcher Sing-Akademie, excelentemente preparados por Alice Lapasin Zorzit y Richard Wilberforce, no sólo cantan de manera admirable, sino que como alumnos frescos y despreocupados resultan una fuerza escénica notable. Algunos miembros del coro asumen además pequeñas partes solistas, y lo hacen con canto entusiasta: Daniel Brant como el pastor Sylvan, Peter Strömberg como espíritu del bosque y Ekkehard Abele como una aparición matronal de la hechicera Hécate, convocada por Circé.
Chiara Skerath canta una Circé plenamente deslumbrante y vuelve tangible, con potencia y dinamismo vocal, el mundo afectivo de esta mujer que exteriormente parece frígida, aunque bajo esa superficie helada arda con fuego el deseo sexual. Elsa Benoit es su joven rival, la Scylla que le arrebata a Glaucus. Benoit da expresión conmovedora al descubrimiento vacilante del amor y de la sexualidad adolescente. Su voz luminosa armoniza magníficamente con la voz tenoril juvenil y fresca de Anthony Gregory como Glaucus, que se confirma asimismo como un intérprete sobresaliente de la fogosidad juvenil y también de su conflicto de sentimientos. Porque los encantos de Circé no le resultan en absoluto indiferentes. Sólo una vez, en la fiesta multicolor del quinto acto, exige a su voz un poco más de presión de la conveniente. Aportan asimismo momentos de gran hermosura musical Gwendoline Blondeel como Témire, la amiga de Scylla, y Jehanne Amzal como Dorine, la confidente de Circé.
Desde el foso orquestal, que en esta producción casi deja de ser foso porque la orquesta está claramente elevada, asciende una conmoción emocional muy intensa. Emmanuelle Haïm dirige al conjunto Le Concert d'Astrée, fundado por ella misma, y devuelve a la vida con un entusiasmo contagioso la música de Leclair, que durante largo tiempo durmió en los archivos. Los momentos íntimos, bellamente rodeados por el violín, instrumento predilecto de Leclair, se alternan con danzas de gran impulso y con arias y dúos acompañados con virtuosismo. Haïm y sus músicos son defensores tan elocuentes como irresistibles de esta obra de Jean Marie Leclair. Cabe preguntarse si una producción programada esta temporada sólo en siete funciones volverá a reponerse alguna vez. El público de la premiere, en todo caso, se mostró entusiasmado tanto con la obra como con la puesta. Que la sala no estuviera completamente agotada quizá se explique por la abundancia de la oferta del festival ZÜRICH BAROCK: en esos días podría uno peregrinar diariamente al teatro o a alguna de sus otras sedes, lo cual no sólo puede resultar excesivo en términos de tiempo o de resistencia emocional y acústica, sino también, para muchos, financieramente.
Argumento
Prólogo: Venus envía a Amor para castigar a la desobediente ninfa Scylla. En esta producción del Opernhaus Zürich el prólogo no se representa.
Primer acto: Scylla se siente mejor en soledad. Desprecia a todos sus enamorados, incluido Glaucus. Desoye las advertencias de la dríade Témire.
Segundo acto: Glaucus busca consejo en la hechicera Circé. Circé quiere a Glaucus para sí y le aconseja olvidar a Scylla. Glaucus no quiere oír hablar de ello y se marcha apresuradamente. Circé jura vengarse.
Tercer acto: Scylla confiesa a su confidente Témire que, después de todo, ama a Glaucus. Cuando éste regresa de ver a Circé, Scylla sospecha que él ha entablado una relación con la hechicera. Pero Glaucus aclara el malentendido. Scylla y Glaucus se abrazan, observados por una Circé loca de celos.
Cuarto acto: Glaucus suplica a Circé que renuncie a su venganza contra Scylla. Fingiendo, Circé asegura que ha olvidado todo. Pero hace que los demonios infernales le entreguen una hierba venenosa que habrá de separar para siempre a Scylla de Glaucus.
Quinto acto: se celebra una fiesta en honor de Scylla y Glaucus. Glaucus conduce a Scylla al manantial donde se encontraron por primera vez. Scylla se contempla en el agua envenenada por Circé, cae al suelo y se transforma en una roca rodeada de monstruos, que en adelante, en el estrecho de Mesina, sembrará el terror entre los navegantes.
La obra
Jean-Marie Leclair, nacido en 1697, provenía de una familia de cesteros y él mismo aprendió primero ese oficio. Él y sus hermanos debieron de ser particularmente musicales, porque al menos de tres de ellos han quedado composiciones o testimonios de su contribución a la vida musical. Jean-Marie fue primero bailarín y aprendió también a tocar el violín. Trabajó como maestro de ballet en Lyon y más tarde en Turín, donde perfeccionó su técnica violinística. Regresó luego a París, actuó en la corte de Luis XV, pero la abandonó, indignado por no haber sido ascendido. Después de una prolongada estancia en los Países Bajos, volvió a Francia, primero al servicio del heredero del trono español, que tenía corte en Chambéry, y después como director musical y primer violinista en el teatro privado del duque de Gramont. Su segunda esposa era grabadora de partituras, pero pronto lo abandonó, y entonces comenzó también el declive de Leclair: vivió en un barrio infame de París. En octubre de 1764 encontraron su cadáver, cubierto de puñaladas, en el corredor de su casa. El crimen nunca se esclareció; hubo varios sospechosos, entre ellos su sobrino. ¿O fue acaso el jardinero el asesino?
Leclair gozó de extraordinario prestigio como virtuoso del violín y como fundador de la escuela francesa de ese instrumento, escuela que supo fusionar con la italiana. A menudo se lo ha llamado el "Corelli francés", y sus sonatas para violín han sido situadas cerca de las de Vivaldi. Scylla et Glaucus quedó como su única ópera. Con su desenlace trágico, no se ajustó al gusto de la época y desapareció en los archivos tras menos de veinte funciones. En 1979 el director John Eliot Gardiner rescató la obra en Londres y pocos años más tarde también en Lyon.
Créditos:
Autor: Kaspar Sannemann
Medio: Oper Aktuell
* Nota editorial: aula guillermina: es un salón de clase de estilo alemán de la época guillermina, es decir, del período de los emperadores Guillermo I y, sobre todo, Guillermo II, a fines del siglo XIX y comienzos del XX
Titulo y link a la nota original: Eine Rarität zum Festival ZÜRICH BAROCK
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Víctor Fernández
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