Avanti a Lui
Luca Guadagnino vuelve a la ópera con The Death of Klinghoffer: el regreso más incómodo y necesario del Maggio Fiorentino
La nueva producción de la ópera de John Adams y Alice Goodman abrió el 88º Maggio Musicale Fiorentino con una apuesta de alto voltaje artístico y político: una obra rara vez representada, todavía rodeada de polémica, que Luca Guadagnino decidió abordar no como una tesis sobre Oriente Medio, sino como un drama sobre la complejidad moral, la empatía y la imposibilidad de reducir la experiencia humana a categorías simples.
El regreso de Luca Guadagnino al teatro lírico se produjo en Florencia con una producción nueva de The Death of Klinghoffer, presentada en la Sala Grande del Teatro del Maggio Musicale Fiorentino el 19 de abril y repuesta el 22 y el 26 de abril. La dirección musical quedó en manos de Lawrence Renes, al frente de la Orquesta y el Coro del Maggio, mientras que la puesta y la escenografía fueron firmadas por el propio Guadagnino. El teatro subrayó varios rasgos que vuelven excepcional esta elección: es la primera vez que la obra se representa en Florencia, la primera vez que una partitura de John Adams se presenta en ese escenario y también el debut de Guadagnino como director escénico en el Maggio. La función inaugural fue transmitida en directo por Rai Radio 3 y televisada ese mismo día por Rai 5; además, la producción figura en el catálogo de RaiPlay.
La obra en sí sigue siendo una de las más delicadas del repertorio contemporáneo. Compuesta por John Adams sobre libreto de Alice Goodman, está organizada en un prólogo y dos actos, y toma como punto de partida el secuestro del crucero Achille Lauro en octubre de 1985 por miembros del Frente para la Liberación de Palestina, episodio que culminó con el asesinato del pasajero judío-estadounidense Leon Klinghoffer, que se desplazaba en silla de ruedas. El Maggio recuerda que la ópera se estrenó en 1991 en el Théâtre de la Monnaie de Bruselas y que en Italia sólo había tenido una anterior circulación escénica en Ferrara y Módena en 2002. No se trata, por lo tanto, de una reposición rutinaria, sino de la reaparición de un título que sigue siendo raro incluso dentro de la programación contemporánea europea.
Esa rareza tiene una explicación evidente: desde su estreno, The Death of Klinghoffer arrastra un historial de controversias pocas veces igualado en la ópera reciente. Diversos sectores la acusaron de antisemitismo o de romantizar el terrorismo, y esa controversia alcanzó uno de sus picos en 2014, cuando el Metropolitan Opera canceló la transmisión internacional en cines de su producción tras un “aluvión de preocupación” por la posibilidad de que la obra alimentara el antisemitismo global; aun así, las funciones en Nueva York se realizaron en medio de protestas. La nueva producción florentina llega, entonces, bajo el peso de ese expediente histórico, pero también en un presente especialmente sensible por la reactivación de los debates sobre representación, violencia política y responsabilidad artística.
Lo más interesante del enfoque de Guadagnino es que no intenta neutralizar ese problema ni esquivarlo, sino desplazarlo. Tanto en sus declaraciones a la prensa como en el material oficial del Maggio, el director insiste en que el escándalo que ha perseguido a Klinghoffer no debería leerse de manera reductivamente ideológica. Para él, la ópera no pide adhesiones políticas, sino una confrontación con las zonas más ambiguas de la experiencia humana. En la formulación del teatro florentino, se trata de una obra que invita a suspender el juicio inmediato, a escuchar perspectivas difíciles e incluso incómodas, y a entender que su centro no es la justificación del crimen, sino la exposición de fragilidades, tensiones y dolores compartidos. En esa lectura, el verdadero núcleo de la partitura no es la consigna, sino la interioridad.
Esa defensa de la complejidad moral aparece reforzada por el modo en que el Maggio presenta la obra. El superintendente Carlo Fuortes la definió como una partitura de fuerte impacto político y cívico, pero al mismo tiempo rechazó que deba ser reducida a una crónica o a un tratado geopolítico. Su lectura, compartida por el propio Guadagnino y por Renes, subraya más bien la dimensión de oratorio o incluso de “Pasión” moderna que posee la obra: una escritura densa, de resonancias sagradas, que da voz a judíos, palestinos y demás protagonistas sin cancelar el conflicto, pero tampoco entregarse a la simplificación. Renes, por su parte, describió la partitura como una suerte de “Everest musical”, por la precisión que exige a todos los cuerpos estables y por la manera en que enlaza palabra, ritmo y emoción en un flujo continuo, sin arias ni recitativos tradicionales.
La producción florentina suma además un equipo artístico de primera línea. Junto a Guadagnino aparecen Ella Rothschild en la coreografía, Peter van Praet en luces, Mark Grey como diseñador de sonido, Marta Solari en vestuario y Berlinde De Bruyckere en la intervención escultórica. El elenco reúne a Daniel Okulitch como el Capitán, Laurent Naouri como Leon Klinghoffer, Susan Bullock como Marilyn Klinghoffer, Joshua Bloom como Rambo, Marina Comparato en los papeles de la Abuela Suiza y la Mujer Austríaca, además de Andreas Mattersberger, Roy Cornelius Smith, Levent Bakirci, Janetka Hosco y Marvic Monreal. En la prensa británica, la recepción inicial fue muy favorable: The Times habló directamente de una “obra maestra” escénica, destacó la negativa de Guadagnino a caer en la caricatura y elogió en particular las prestaciones de Bullock y Naouri, así como la conducción de Renes y el peso dramatúrgico de la coreografía.
También importa, y mucho, el momento en que esta producción llega. Según la prensa inglesa, es el primer trabajo operístico de Guadagnino en más de quince años, lo que convierte a Klinghoffer en un regreso de especial visibilidad para un creador que hoy tiene un reconocimiento internacional muy superior al de su primera aproximación al género. Que haya elegido precisamente esta obra —y no un título más consensual, menos expuesto o más fácilmente vendible— dice bastante sobre la ambición del proyecto. Florencia no buscó una inauguración cómoda, sino una apertura capaz de producir discusión, inquietud y pensamiento. Esa decisión, más allá de las simpatías o reservas que la obra suscite, devuelve a la ópera una función que muchas veces se le exige en abstracto pero pocas veces se le permite en la práctica: la de incomodar sin abdicar de la forma.
En definitiva, el centro de atención no está sólo en la anécdota de que Guadagnino vuelva a la ópera, sino en cómo vuelve: con una obra que el propio Maggio describe como rara, compleja y profundamente contemporánea; con una lectura que reivindica la empatía sin confundirla con absolución; y con la convicción de que el teatro musical puede seguir interviniendo en los grandes temas de su tiempo sin convertirse en propaganda. En ese sentido, esta Death of Klinghoffer florentina parece proponerse menos como escándalo que como prueba: la de si todavía es posible mirar una obra herida por décadas de polémica y devolverla a su condición más exigente, la de arte incómodo y vivo.
Fuentes principales
Maggio Musicale Fiorentino, RaiPlay, The Guardian & The Times
Maggio Musicale Fiorentino, RaiPlay, The Guardian & The Times
Víctor Fernández
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