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La Wiener Staatsoper 2026/2027: amplitud de repertorio, grandes voces y nuevas lecturas escénicas

La Ópera Estatal de Viena anuncia una temporada de gran densidad artística, con 46 títulos operísticos, más de 60 obras si se incluye el ballet, seis nuevas producciones de ópera y una constelación de intérpretes que reúne a Asmik Grigorian, Anna Netrebko, Jonas Kaufmann, Juan Diego Flórez, Lisette Oropesa, Emily D'Angelo, Freddie De Tommaso, Marina Rebeka, Piotr Beczala y Ludovic Tezier, entre muchos otros.

La Wiener Staatsoper vuelve a demostrar, en su temporada 2026/2027, una de las características que la convierten en un caso singular dentro del circuito lírico internacional: la extraordinaria amplitud de su repertorio. No se trata solamente de presentar algunos estrenos o de organizar la temporada alrededor de un pequeño grupo de títulos centrales, sino de sostener una maquinaria teatral capaz de alternar grandes obras del canon, nuevas producciones, reposiciones, recitales, conciertos, ballet y propuestas para distintos públicos.

Según la información difundida en torno a la presentación de la temporada, el teatro vienes prevé 46 óperas diferentes. Si se incluye el ballet, el repertorio supera las 60 obras. Esa cifra permite comprender la escala de una institución que mantiene viva una idea de teatro de repertorio poco frecuente en otros modelos de programación, donde cada título permanece en escena durante pocas funciones y luego desaparece hasta una nueva temporada.

La presentación oficial estuvo a cargo de Bogdan Roscic, director de la Wiener Staatsoper, en una matinée dedicada a la Spielzeit 2026/27. La velada contó con la participación de cantantes como Ekaterine Buachidze, Ivan Gyngazov, Christopher Maltman, Vida Mikneviciute, Marina Rebeka y Andreas Schager, acompañados por miembros de la orquesta bajo la dirección de Axel Kober. También fueron anunciados artistas y responsables de producciones como Alessandra Ferri, Bertrand de Billy, Franz Welser-Möst, Nikolaus Habjan, Barrie Kosky y Evgeny Titov.

El núcleo de la temporada estará en sus seis nuevas producciones operísticas. La primera será el díptico integrado por Eine florentinische Tragödie, de Alexander von Zemlinsky, y Herzog Blaubarts Burg, de Béla Bartók, entre el 3 y el 12 de octubre de 2026. La combinación resulta especialmente atractiva: dos obras de alta concentración psicológica, atravesadas por la violencia del deseo, el secreto, la posesión y la muerte. La dirección musical será de Alain Altinoglu y la puesta de Vasily Barkhatov, con un elenco que reúne a Dmitry Golovnin, Christopher Maltman, Florian Boesch y Asmik Grigorian.

La presencia de Asmik Grigorian convierte esta apertura en uno de los puntos fuertes de la temporada. La soprano lituana se ha consolidado como una de las intérpretes más intensas de la escena actual, con una carrera asociada a personajes de gran densidad emocional y teatral. Su participación en el díptico Zemlinsky-Bartók parece especialmente adecuada para una noche concebida alrededor de la tensión psicológica y de los abismos interiores.

La inclusión de estas dos obras tiene una importancia que excede la novedad escénica. Zemlinsky y Bartók representan dos maneras de mirar el drama de comienzos del siglo XX: el primero desde un expresionismo vienés cargado de sensualidad oscura; el segundo desde una escritura simbólica, concentrada y casi ritual. Programarlos juntos permite a la Wiener Staatsoper subrayar una línea de repertorio que dialoga directamente con su propia tradición cultural: Viena como laboratorio de modernidad, crisis del sujeto y disolución de las certezas románticas.

Otra nueva producción de enorme interés será Ariadne auf Naxos, de Richard Strauss, con dirección escénica de Barrie Kosky. La serie comenzará en noviembre de 2026 y tendrá continuidad hasta abril de 2027. La obra contará con direcciones musicales de Franz Welser-Möst y Asher Fisch, y repartos que incluyen a Michael Nagy, Kate Lindsey, Daniel Behle, Serena Sáenz, Golda Schultz, Jusung Gabriel Park, Adrian Eröd y Christina Nilsson.

La elección de Ariadne auf Naxos parece particularmente natural para Viena. La ópera, con libreto de Hugo von Hofmannsthal, juega con la tensión entre arte elevado y entretenimiento, entre tragedia y comedia, entre mito y teatro dentro del teatro. En manos de Barrie Kosky, director de gran sentido teatral, ironía y agudeza escénica, el título puede adquirir una nueva vida sin perder su refinada ambigüedad. Es, además, una obra ideal para una casa que conoce profundamente el lenguaje de Strauss y su vínculo con la tradición austroalemana.

En diciembre llegará La Damnation de Faust, de Hector Berlioz, con funciones del 17 al 29 de diciembre de 2026. La dirección musical estará a cargo de Bertrand de Billy y la escénica será de Lydia Steier. El reparto anunciado incluye a Eve-Maud Hubeaux, John Osborn y Christian Van Horn.

La presencia de La Damnation de Faust en una temporada de ópera siempre plantea una pregunta estimulante: qué hacer escénicamente con una obra que nació en una zona intermedia entre leyenda dramática, oratorio, poema sinfónico y teatro musical. Justamente por esa indefinición, el título de Berlioz ofrece un terreno fértil para una nueva producción. En una casa como la Wiener Staatsoper, su inclusión amplía el repertorio hacia una concepción de lo escénico que no depende solo de la ópera tradicional, sino también de la imaginación sinfónica, la literatura y el teatro de visiones.

El repertorio verdiano tendrá uno de sus centros en la nueva producción de Un ballo in maschera, de Giuseppe Verdi, con funciones entre febrero y junio de 2027. La dirección musical será de Michele Mariotti en la primera serie y de Marco Armiliato en las funciones de junio; la puesta será de Nikolaus Habjan. El primer reparto reunirá a Freddie De Tommaso, Luca Salsi, Marina Rebeka, Marie-Nicole Lemieux e Ilia Staple, mientras que en junio se sumarán Anna Netrebko, Elizabeth DeShong y Marina Monzó.

La elección de Un ballo in maschera tiene una evidente fuerza teatral. Verdi combina allí conspiración política, amor prohibido, máscara social, presagio y muerte, pero lo hace con una ligereza aparente que vuelve más punzante el desenlace trágico. Para la Wiener Staatsoper, el título permite reunir una gran tradición verdiana con un reparto de alta visibilidad internacional. Freddie De Tommaso se ha consolidado como uno de los tenores más solicitados de su generación; Luca Salsi es una referencia actual del barítono verdiano; Marina Rebeka aporta elegancia vocal y autoridad estilística; y la llegada de Anna Netrebko como Amelia agrega un interés mediático y artístico particular.

En marzo de 2027 será el turno de Pique Dame, de Piotr Ilich Chaikovski, en nueva producción dirigida musicalmente por Alexander Soddy y escénicamente por Evgeny Titov. El estreno está anunciado para el 15 de marzo, con funciones hasta el 27. El elenco incluye a Ivan Gyngazov, Boris Pinkhasovich, Andrey Zhilikhovsky, Violeta Urmana, Elena Stikhina y Daria Sushkova.

La inclusión de Pique Dame refuerza una zona esencial del repertorio ruso: el drama psicológico llevado al límite. La obsesión de Hermann, la atmósfera fatalista, el juego, el dinero, la vejez y el deseo construyen una de las partituras más teatrales de Chaikovski. En una temporada marcada por títulos de fuerte densidad interior, la obra aparece como una pieza clave: no solo representa al repertorio eslavo, sino también una forma de ópera donde la mente del protagonista se convierte en escenario.

El cierre de las nuevas producciones operísticas llegará con I Capuleti e i Montecchi, de Vincenzo Bellini, entre el 9 y el 29 de junio de 2027. La dirección musical será de Gianluca Capuano y la puesta de Tatjana Gürbaca. El reparto tiene uno de los atractivos vocales más fuertes de toda la temporada: Lisette Oropesa como Giulietta y Emily D'Angelo como Romeo, junto a Ivan Ayon Rivas, Marko Mimica y Matheus França.

La importancia de I Capuleti e i Montecchi reside justamente en esa conjunción entre historia del canto y presente vocal. La obra de Bellini exige línea, respiración, legato, nobleza expresiva y un tipo de virtuosismo que nunca debe sonar exterior. Lisette Oropesa, una de las sopranos más relevantes del bel canto actual, y Emily D'Angelo, mezzosoprano de fuerte personalidad musical, ofrecen una pareja de gran interés para una ópera que no narra a Shakespeare en sentido estricto, sino que reinterpreta el conflicto de los amantes de Verona desde la tradición italiana de facciones, familias y canto elegíaco.

Fuera de las nuevas producciones, la amplitud del repertorio es uno de los rasgos más impactantes de la temporada. La Wiener Staatsoper incluye títulos de Francesco Cilea, Umberto Giordano, Georges Bizet, Wolfgang Amadeus Mozart, Richard Wagner, Erich Wolfgang Korngold, Bedrich Smetana, Gaetano Donizetti, Claudio Monteverdi, Giacomo Puccini, Giuseppe Verdi, Alban Berg, Richard Strauss, Jules Massenet y otros compositores. En septiembre, por ejemplo, aparecen Adriana Lecouvreur, Don Carlo, Le nozze di Figaro, La clemenza di Tito, Macbeth y Tosca, una muestra de la intensidad con la que la casa articula repertorio italiano, alemán, francés y eslavo.

El desfile de intérpretes confirma la condición de la Wiener Staatsoper como uno de los grandes centros vocales del mundo. Elina Garanca aparece en Adriana Lecouvreur; Piotr Beczala, Boris Pinkhasovich y Sondra Radvanovsky figuran en Andrea Chénier; Stéphanie d'Oustrac, Roberto Alagna y Christian Van Horn intervienen en Carmen; Pablo Heras-Casado dirige Der fliegende Holländer con Günther Groissböck, Camilla Nylund y Tomasz Konieczny; y Michael Volle encabeza Die Meistersinger von Nürnberg.

La línea mozartiana también conserva un lugar central. Così fan tutte, Die Entführung aus dem Serail, Die Zauberflöte, Don Giovanni, La clemenza di Tito y Le nozze di Figaro muestran la continuidad de un repertorio que en Viena no es simplemente patrimonial, sino cotidiano. Entre los nombres anunciados figuran Louise Alder, Gerald Finley, Nikola Hillebrand, Christian Van Horn, Federica Lombardi, Olga Kulchynska, Günther Groissböck, Sabine Devieilhe, Slavka Zamecnikova, Georg Nigl, Florian Sempey, Elsa Dreisig, Pretty Yende y Andrzej Filonczyk.

La temporada tiene además una particularidad verdiana de gran interés: la presencia separada de Don Carlo y Don Carlos. No se trata de una repetición del mismo título en la lista, sino de la convivencia de dos tradiciones de la obra: la versión italiana, ofrecida en septiembre de 2026, y la versión francesa en cinco actos, presentada en enero de 2027 como Don Carlos. Esta última remite al origen parisino de la ópera y permite escuchar la obra en el marco de la gran ópera francesa, antes de las transformaciones que la convirtieron en una de las partituras más complejas y variables del catálogo verdiano

La dimensión wagneriana y postwagneriana también es considerable. Der fliegende Holländer, Die Meistersinger von Nürnberg, Parsifal y Tristan und Isolde conviven con Strauss, Korngold y Berg. Andreas Schager, Kwangchul Youn, Miina-Liisa Värelä, Adrian Eröd y Tanja Ariane Baumgartner aparecen en Tristan und Isolde; Ludovic Tezier, Piotr Beczala, Christof Fischesser y Simone Schneider en Parsifal; y Simone Young dirigirá Lulu, de Alban Berg, con Ilia Staple, Tanja Ariane Baumgartner, Margaret Plummer, Georg Nigl y Sean Panikkar.

Además de la ópera escenificada, la temporada incluye un atractivo ciclo de recitales. Günther Groissböck y Malcolm Martineau abrirán la serie; también estarán Simon Keenlyside, Xabier Anduaga, Jonas Kaufmann con Helmut Deutsch, Piotr Beczala junto a Luca Salsi, Nicholas Ofczarek y Georg Nigl con Olga Pashchenko, y Juan Diego Flórez, que cerrará el ciclo. En un teatro de repertorio tan denso, estos recitales permiten otro tipo de escucha: más íntima, centrada en el cantante como narrador y en la palabra como espacio dramático.

Vista en conjunto, la temporada 2026/2027 de la Wiener Staatsoper combina tres movimientos. El primero es la reafirmación del gran repertorio, con Mozart, Verdi, Puccini, Wagner, Strauss y Chaikovski como pilares. El segundo es la apertura hacia zonas de mayor densidad psicológica y modernidad musical, desde Zemlinsky, Bartók, Berlioz, Korngold y Berg. El tercero es la apuesta por intérpretes capaces de sostener una temporada de altísima exposición pública, en la que conviven estrellas internacionales, miembros del ensamble y artistas invitados.

La importancia de la programación no está solo en la cantidad, sino en la manera de organizar esa cantidad. La Wiener Staatsoper no plantea una temporada de museo, aunque apoye buena parte de su identidad en la tradición. Más bien propone una lectura del repertorio como organismo vivo: los títulos regresan, se confrontan con nuevas miradas escénicas, se asocian a cantantes distintos, atraviesan generaciones y vuelven a interrogar al público desde problemas que nunca terminan de agotarse: el poder, el deseo, el destino, la culpa, la fe, la locura, la memoria y la muerte.

Fuentes consultadas
Wiener Staatsoper, presentación y repertorio oficial de la temporada 2026/2027; Tiroler Tageszeitung

 

Víctor Fernández
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