Deidamia en Göttingen: la última ópera de Händel vuelve a hablarle al presente
El Festival Internacional Händel de Göttingen 2026 presentó como producción central Deidamia, última ópera italiana de Georg Friedrich Händel, en una coproducción con Wexford Festival Opera dirigida musical y escénicamente por George Petrou. La crítica de OperaWire destaca una lectura que convierte el mito de Aquiles oculto en la isla de Esciros en una reflexión actual sobre identidad, género, deseo, teatralidad y el costo humano de la gloria heroica.
La última ópera de Georg Friedrich Händel no fue siempre una de las más frecuentadas de su catálogo. Deidamia, estrenada en Londres en 1741, ocupó durante mucho tiempo un lugar lateral dentro de la producción escénica del compositor, casi como una despedida discreta de la ópera italiana antes del giro definitivo hacia el oratorio. Sin embargo, la nueva presentación del Festival Internacional Händel de Göttingen 2026 parece haber devuelto a la obra una vitalidad inesperada, según la crítica publicada por OperaWire bajo el título “Göttingen International Handel Festival 2026 Review: Deidamia”.
La producción, concebida en coproducción con Wexford Festival Opera, tuvo funciones en el Deutsches Theater de Göttingen los días 15, 16, 18, 24 y 25 de mayo. El reparto reunió a Sophie Junker como Deidamia, Bruno de Sá como Achille, Nicolò Balducci como Ulisse, Sarah Gilford como Nerea, Rory Musgrave como Fenice y Petros Magoulas como Licomede, junto al Kammerchor der Universität Göttingen y el FestspielOrchester Göttingen, bajo la dirección de George Petrou, quien asumió además la dirección escénica.
El punto de partida argumental pertenece al mundo de los mitos griegos. Deidamia es hija de Licomede, rey de Esciros. En la isla se oculta Aquiles, disfrazado de mujer para escapar de una profecía: si va a la guerra de Troya, los griegos alcanzarán la victoria, pero él perderá la vida. El amor entre Deidamia y Aquiles queda así atravesado por una tensión imposible: la intimidad amorosa frente al llamado de la gloria militar. El festival subraya justamente ese cruce entre heroísmo, amor secreto, travestismo escénico, humor pastoral, caza, violencia y destino.
La mirada de George Petrou parece haber encontrado allí una clave particularmente contemporánea. Según OperaWire, uno de los aciertos centrales de la puesta consiste en no forzar la obra, sino en revelar la modernidad que ya contiene el libreto de Paolo Antonio Rolli. El crítico Mengguang Huang señala el juego metateatral de la pieza con el género y la identidad, especialmente a partir de la figura de Aquiles escondido bajo apariencia femenina. Lo que para el público del siglo XVIII podía resultar una rareza desconcertante aparece hoy como uno de los motores más fértiles de la obra.
La puesta incorpora además un elemento paralelo: un coro de turistas contemporáneos en una isla griega. Esos visitantes modernos no intervienen directamente en la acción mitológica, pero conviven con ella como si el pasado heroico y el presente cotidiano ocuparan el mismo espacio sin tocarse del todo. OperaWire destaca esa fricción entre dos planos temporales: por un lado, la historia de Aquiles, Deidamia y Ulises; por otro, la mirada turística, distraída y actual, que circula por playas, museos, tabernas y paisajes de vacaciones.
El diseño de escena y vestuario de Giorgina Germanou fue valorado por su eficacia visual. La producción utiliza proyecciones digitales para pasar de la playa inicial a la habitación de Deidamia, de una taberna a un museo arqueológico, y para traducir en imágenes los estados emocionales de los personajes. La crítica advierte algunos excesos en la velocidad de los cambios escénicos y cierta reiteración visual en una escena de caza transformada en secuencia acuática, pero considera que el mundo escénico resulta claro, atractivo y teatralmente funcional.
En el centro vocal de la noche estuvo Sophie Junker, reconocida especialista en repertorio barroco. La soprano belga ha colaborado con Leonardo García Alarcón y ha cantado, entre otros papeles, Cleopatra en Giulio Cesare en el Festival Händel de Göttingen, Emira en Siroe, re di Persia en Karlsruhe, Atilia en Eliogabalo en Zúrich y Kundry en Viena y Bayreuth. También ha trabajado con conjuntos como Arcangelo, Vox Luminis, Concerto Copenhagen y Bach Collegium Japan.
Como Deidamia, Junker fue elogiada por OperaWire por la inteligencia dramática y la belleza vocal de su interpretación. La crítica destaca su manera de construir el amor protector de la protagonista hacia Aquiles, sus estallidos de celos y furia, y finalmente la devastación de una mujer que comprende que el héroe amado pertenece ya a una guerra que lo arrancará de su lado. En ese sentido, la producción desplaza el eje heroico: la ópera no se mira solamente desde Aquiles, sino desde la figura de la mujer que queda en la orilla.
El brasileño Bruno de Sá, una de las voces más singulares del panorama barroco actual, asumió el papel de Achille. Su caso resulta especialmente interesante porque Händel escribió originalmente el personaje para una mujer, pero aquí la ambigüedad vocal y escénica se reconfigura a través de un sopranista masculino. De Sá ha actuado en teatros y festivales como Komische Oper Berlin, Oper Dortmund, Theater Basel y Bayreuth Baroque Festival; es artista de Warner Classics y sus discos Roma Travestita y Mille Affetti han acompañado su proyección internacional.
La crítica subraya en Bruno de Sá la naturalidad de una tesitura extraordinaria y la capacidad de equilibrar la apariencia femenina inicial de Aquiles con el impulso viril hacia la fama guerrera. El momento en que el personaje debe elegir entre joyas femeninas y armas de combate condensa la tensión fundamental de la obra: identidad, deseo, deber y construcción social del heroísmo.
Otro punto fuerte de la producción fue Nicolò Balducci como Ulisse. El contratenor italiano, distinguido en concursos como Renata Tebaldi, Cesti y Piccinni, ha abordado papeles como Nerone en L’incoronazione di Poppea, Arbace en Mitridate y Tirsi en Clori, Tirsi e Fileno. Su discografía incluye registros para sellos como Naïve, BIS y CVS.
En Göttingen, su Ulisse no fue presentado solo como estratega astuto, sino como una figura más ambigua y humana. OperaWire señala que, cuando Deidamia cuestiona la moralidad de una guerra emprendida por una mujer, el personaje revela una gravedad inesperada. Ese momento permite que la ópera, sin abandonar su mundo mítico, formule una pregunta incómoda: qué precio pagan los cuerpos y los afectos cuando la gloria militar se convierte en destino.
El elenco se completó con Sarah Gilford como Nerea, Rory Musgrave como Fenice y Petros Magoulas como Licomede. Gilford, finalista del BBC Cardiff Singer of the World Song Prize en 2021, fue integrante del Opernstudio de la Bayerische Staatsoper y cantó en teatros como la Royal Opera House, la Hamburg State Opera y el Grand Théâtre de Genève. Musgrave, conocido por sus apariciones en Wexford, hizo su debut operístico británico como Eugene Onegin en Opera Holland Park. Magoulas, por su parte, ha cantado en el Royal Opera House, la Greek National Opera, la Welsh National Opera y ABAO Bilbao Opera, con un repertorio que incluye a Zaccaria, Fiesco, Osmin, Sarastro y Daland.
Desde el foso, George Petrou dirigió al FestspielOrchester Göttingen con tempi vivos, articulación clara y especial atención al bajo continuo. La crítica de OperaWire destaca una lectura de comunicación directa, capaz de sostener tanto la intimidad de la corte de Esciros como la sombra monumental de la guerra de Troya. Esa doble dimensión —cámara íntima y mito épico— parece ser una de las claves del éxito de la producción.
La trayectoria de Petrou ayuda a comprender esa síntesis. Nominado al Grammy, ganador del Echo Klassik y actual director artístico de las Internationale Händel-Festspiele Göttingen y de Armonia Atenea, ha dirigido en teatros como el Teatro Real, el Theater an der Wien y el Teatro alla Scala, además de abordar títulos como Semele, Idomeneo, L’incoronazione di Poppea y Tancredi.
La importancia de esta recuperación no reside solo en el valor arqueológico de presentar una rareza. Deidamia fue estrenada en el Lincoln’s Inn Fields Theatre de Londres el 10 de enero de 1741, con libreto de Paolo Antonio Rolli. La obra tuvo apenas tres funciones y no volvió a representarse hasta el siglo XX. Durante mucho tiempo fue leída como el cierre algo fatigado de la carrera operística de Händel. La recepción actual, en cambio, permite verla como una pieza de extraordinaria ambivalencia: trágica y cómica, íntima y política, mitológica y sorprendentemente moderna.
En esa ambivalencia se encuentra quizá su mayor actualidad. La ópera no celebra simplemente al héroe que parte hacia la guerra; observa también a quien queda atrás, a quien pierde, a quien comprende que el relato glorioso de los vencedores suele construirse sobre renuncias íntimas. El final, según OperaWire, conserva su fuerza precisamente porque evita respuestas fáciles y deja suspendida la imagen de una mujer abandonada mientras los héroes se preparan para navegar hacia una guerra que, para ella, ya está perdida.
La puesta de Göttingen confirma así que el barroco no necesita ser “actualizado” desde afuera para dialogar con el presente. Muchas veces basta con escucharlo en profundidad. En Deidamia, la identidad aparece como representación, el género como artificio teatral, el amor como resistencia frágil y la gloria como promesa destructiva. Que todo eso haya estado contenido en la última ópera italiana de Händel demuestra que el repertorio barroco sigue ofreciendo preguntas capaces de atravesar los siglos.
Fuente:
OperaWire, “Göttingen International Handel Festival 2026 Review: Deidamia”; Internationale Händel-Festspiele Göttingen; Wexford Festival Opera.
Víctor Fernández
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