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Una ópera para que el mundo no olvide a los niños ucranianos secuestrados

The Mothers of Kherson, encargada por el Metropolitan Opera y la Ópera Nacional de Polonia, tuvo su primera presentación pública en Kyiv antes de llegar a Varsovia y Nueva York. La obra de Maxim Kolomiiets convierte en materia lírica una de las heridas abiertas de la guerra: la deportación de niños ucranianos por parte de Rusia.

En la Ópera Nacional de Ucrania, en Kyiv, el estreno en versión de concierto de fragmentos de The Mothers of Kherson tuvo un peso que excede el acontecimiento musical. La obra, con música del compositor ucraniano Maxim Kolomiiets y libreto del dramaturgo estadounidense George Brant, aborda la historia de madres que emprenden un viaje extremo para recuperar a sus hijos, llevados a territorios bajo control ruso durante la guerra. Antes de su estreno escénico completo en Varsovia, previsto para octubre de 2026, y de su llegada al Metropolitan Opera de Nueva York en la temporada 2027/2028, la presentación en Ucrania funcionó como un acto de memoria pública.

La importancia del estreno reside en su doble condición. Por un lado, se trata de una nueva ópera contemporánea destinada a dos grandes escenarios internacionales. Por otro, el material nace de testimonios recientes, todavía atravesados por el dolor de familias que no han recuperado a sus hijos. La obra no toma la guerra como telón de fondo abstracto, sino como una experiencia concreta: la ocupación de Kherson, los traslados a Crimea, los viajes de madres y abuelas por miles de kilómetros, la espera, la culpa y la resistencia.

Kolomiiets, nacido en Kyiv en 1981, pertenece a una generación de compositores ucranianos marcada por la internacionalización de la música contemporánea y, desde 2022, por la urgencia de escribir desde una cultura bajo ataque. Formado como oboísta y compositor en la Academia Nacional de Música de Ucrania y luego en la Hochschule für Musik und Tanz Köln, desarrolló una carrera que combina música instrumental, de cámara, orquestal y ópera. En The Mothers of Kherson, su escritura busca un equilibrio delicado: una lengua musical contemporánea capaz de hablar en los grandes teatros internacionales y, al mismo tiempo, una voz reconocible para las mujeres de Kherson. La partitura toma referencias de canciones populares del sur de Ucrania, con una voluntad de cercanía que evita convertir el testimonio en una abstracción estética.

El libreto de George Brant también suma una dimensión significativa. Autor de Grounded, obra teatral luego convertida en ópera por Jeanine Tesori y presentada por el Met, Brant ya había trabajado sobre los efectos íntimos de la guerra contemporánea. En este nuevo proyecto, desplazó el foco inicial pensado sobre las protestas del Maidán para concentrarse en las historias de niños deportados, un tema de resonancia universal. La colaboración con la organización Save Ukraine permitió construir una dramaturgia basada en testimonios y procesos de rescate reales.

La dimensión internacional del proyecto es uno de sus rasgos centrales. The Mothers of Kherson reúne al Metropolitan Opera de Nueva York, la Ópera Nacional de Polonia, artistas ucranianos, un libretista estadounidense y una red de instituciones vinculadas a la defensa cultural de Ucrania. El recorrido previsto —Kyiv, Varsovia, Nueva York— convierte a la ópera en una pieza de circulación diplomática y artística. No se limita a representar la tragedia: busca instalarla en la memoria del público internacional cuando la atención sobre la guerra empieza a desgastarse.

En ese entramado aparece una figura decisiva: Keri-Lynn Wilson. La directora canadiense de ascendencia ucraniana, fundadora de la Ukrainian Freedom Orchestra y esposa de Peter Gelb, director general del Metropolitan Opera, dirigió la presentación de Kyiv y estará al frente de la obra en sus próximos destinos. No hay constancia pública de que su vínculo personal con Gelb haya sido la causa directa del encargo, pero su presencia resulta imposible de separar del marco de colaboración. Wilson ha convertido su carrera reciente en una forma de activismo cultural por Ucrania, al frente de una orquesta integrada por músicos ucranianos del país y de la diáspora. En The Mothers of Kherson, esa militancia artística encuentra una traducción operística.

Peter Gelb, por su parte, ha sostenido desde el Met una línea de apoyo visible a Ucrania desde la invasión rusa. El encargo de esta ópera se inscribe en esa política: no solo como gesto solidario, sino como apuesta por una obra nueva que pueda entrar en el repertorio internacional desde una urgencia histórica. En sus declaraciones, Gelb subrayó que la ópera puede producir una forma de memoria distinta de la noticia periodística: una experiencia emocional capaz de fijar en la sensibilidad del público aquello que las cifras no alcanzan a comunicar.

La presentación en Kyiv reunió a la Orquesta, el Coro y el Coro de Niños de la Ópera Nacional de Ucrania, junto con Kyiv Camerata y solistas ucranianos. En los próximos pasos del proyecto aparece además la soprano estadounidense Erin Morley, prevista para uno de las partes principales en la producción que llegará al Met, con dirección escénica de Barbara Wysocka. Morley, una de las sopranos de coloratura más reconocidas de la escena estadounidense actual, aporta al proyecto una proyección internacional que refuerza la voluntad de llevar esta historia más allá del contexto ucraniano.

La ópera contemporánea suele debatirse entre el deseo de renovar el lenguaje y la necesidad de encontrar asuntos capaces de convocar al público. The Mothers of Kherson parece colocarse en otro lugar: parte de un hecho de extrema actualidad, pero lo organiza desde una estructura casi mítica, la de madres que atraviesan fronteras para rescatar a sus hijos. En esa tensión entre documento y rito, entre denuncia y canto, está su fuerza.

Cuando la obra llegue a Varsovia y luego a Nueva York, ya no será solo una ópera sobre Ucrania. Será también una prueba para las grandes instituciones líricas: cómo responder desde el escenario a una guerra en curso, cómo transformar la solidaridad en creación artística y cómo hacer que el repertorio del presente no llegue tarde a la historia.


Víctor Fernández
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