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Tres batutas para leer el presente de la música clásica

La actualidad internacional de los conciertos deja esta semana tres señales significativas: el regreso de Simon Rattle a Berlioz con la Orchestra of the Age of Enlightenment, la bienvenida triunfal a Elim Chan en San Francisco y el lugar central de Ryan Wigglesworth en el Festival de Aldeburgh. Tres escenas distintas, en Londres, Estados Unidos y el Reino Unido, que permiten observar cómo conviven hoy la tradición, la renovación institucional y la defensa de la música nueva.

En Londres, Simon Rattle volvió a ocupar el centro de la crítica con la Orchestra of the Age of Enlightenment, una de las agrupaciones de referencia en el trabajo con instrumentos de época. El programa estuvo dedicado a Hector Berlioz e incluyó Harold en Italia y la Symphonie fantastique, dos obras atravesadas por el imaginario romántico, el impulso teatral y una idea casi narrativa de la forma sinfónica.

La reseña de The Times destacó, en particular, el carácter escénico de Timothy Ridout en Harold en Italia. El violista asumió la parte solista como algo más que una intervención instrumental: su presencia en la sala reforzó la dimensión de personaje errante, casi byroniano, que recorre la obra. Ese gesto teatral no aparece como un añadido externo, sino como una manera de recordar que Berlioz pensaba la orquesta desde una imaginación dramática.

El otro protagonista fue el color. Con instrumentos de época, la Orchestra of the Age of Enlightenment ofreció una paleta distinta de la que suele escucharse en versiones modernas: timbres más ásperos, contrastes más marcados y una transparencia que permite redescubrir detalles de escritura. Rattle, que a lo largo de su carrera hizo de la claridad orquestal una de sus marcas, encontró allí un terreno afín. Su recorrido desde Birmingham hasta Berlín, Londres y la Bavarian Radio Symphony Orchestra lo confirma como una figura capaz de moverse entre grandes instituciones y proyectos de perfil más especializado.

Del otro lado del Atlántico, la noticia fue Elim Chan. La directora nacida en Hong Kong recibió una ovación en su primer concierto con la San Francisco Symphony desde que fue anunciada como próxima directora musical de la orquesta. El nombramiento tiene un peso histórico: será la primera mujer al frente de la institución en sus 115 años.

El concierto, realizado en el Davies Symphony Hall, fue leído por la prensa local como algo más que una función de temporada. Había expectativa artística, pero también una carga simbólica. Chan llega a San Francisco en un momento de transición, después de la etapa de Esa-Pekka Salonen y en medio de debates sobre el futuro de las grandes orquestas estadounidenses. Su designación combina renovación generacional, diversidad de origen y una pregunta de fondo: cómo construir una nueva relación entre una orquesta histórica y su comunidad.

El programa elegido tuvo al agua como eje poético, con La mer de Debussy como punto de llegada. La elección permitía unir la biografía de Chan, nacida en una ciudad portuaria como Hong Kong, con la identidad de San Francisco. Ese tipo de lectura programática sugiere una dirección musical atenta no solo al repertorio, sino también a los relatos que una orquesta puede construir alrededor de él.

En el Reino Unido, Ryan Wigglesworth aparece como otra figura clave del momento. The Guardian lo presenta en la previa del Festival de Aldeburgh desde su triple perfil de director, compositor y pianista. Esa condición múltiple no es un dato accesorio: define una manera de entender la música como práctica integral, donde creación, interpretación y pensamiento artístico no se separan en compartimentos rígidos.

Wigglesworth, actual titular de la BBC Scottish Symphony Orchestra, es además profesor en la Royal Academy of Music y uno de los músicos británicos más asociados a la defensa del repertorio contemporáneo. Su presencia en Aldeburgh adquiere una resonancia especial por la sombra de Benjamin Britten, figura fundacional del festival y modelo de artista capaz de unir composición, gestión cultural, interpretación y pedagogía.

En ese contexto, Wigglesworth representa una línea distinta de renovación. Mientras Chan encarna el cambio institucional en una gran orquesta estadounidense y Rattle vuelve a interrogar el repertorio desde el sonido histórico, Wigglesworth sitúa la música nueva en el centro de la conversación. Su preocupación por la educación musical y por la presencia del repertorio contemporáneo en la programación responde a uno de los desafíos más urgentes del sector: formar públicos sin renunciar al riesgo artístico.

Las tres noticias dialogan entre sí. Rattle demuestra que el repertorio canónico puede sonar nuevo cuando se lo aborda desde otra materia sonora. Chan confirma que las orquestas históricas necesitan liderazgos capaces de hablarle a una sociedad más diversa. Wigglesworth recuerda que la música clásica no puede vivir solo de su pasado, por admirable que ese pasado sea.

En un momento en que muchas instituciones musicales discuten presupuestos, públicos y sentido cultural, estos tres nombres ofrecen respuestas diferentes. Rattle mira hacia el repertorio con oído renovado. Chan abre una etapa de fuerte valor simbólico en San Francisco. Wigglesworth insiste en que el futuro de la música depende también de la creación, la enseñanza y la curiosidad.

La música clásica internacional atraviesa una transformación silenciosa. No se trata solo de cambiar nombres al frente de las orquestas, sino de revisar modos de escuchar, programar y comunicar. En esa conversación, Berlioz con instrumentos de época, Debussy en San Francisco y Britten como horizonte en Aldeburgh forman parte de una misma pregunta: cómo hacer que la tradición siga respirando en el presente.

Créditos y fuentes

The Times, San Francisco Chronicle, The Guardian, San Francisco Symphony, Associated Press, Askonas Holt, Groves Artists

Los datos centrales están respaldados por las reseñas y perfiles recientes: The Times reseñó el programa Berlioz de Rattle con la Orchestra of the Age of Enlightenment y Timothy Ridout; San Francisco Chronicle informó la recepción del primer concierto de Elim Chan como directora musical designada de la San Francisco Symphony; The Guardian perfiló a Ryan Wigglesworth como figura del Festival de Aldeburgh, director, compositor y pianista, actual titular de la BBC Scottish Symphony Orchestra.

Víctor Fernández
www.avantialui.org 12/06/2026 ©